Para no dejarnos deslumbrar por los líderes más estridentes, sería bueno que nos preguntáramos dónde radica la grandeza de un gran liderazgo. Los ejemplos de este artículo pueden ayudarnos.

 Un liderazgo puede ser más o menos útil, eficaz, influyente; la cuestión más importante es percatarse de si el liderazgo es o no benéfico, y de la adecuación y la bondad de su propuesta.

Los reconocimientos y la productividad tienen que ver con el éxito del líder, y no con su cualidad moral ni con el valor real de lo que propugna; por eso, conviene reflexionar sobre dónde radica la grandeza de un liderazgo, y no dejarnos deslumbrar por los que acaparan altavoces y púlpitos, encabezan los noticiarios y reciben títulos y honores.

Llegar a ser líder es muy tentador, y si no, que se lo digan al buen Jesús, cuyo mesianismo intentó corromper el mismo diablo, ofreciéndole poder sobre todos los reinos del mundo (Lc 4, 1-13)

Así las cosas, será bueno que recordemos media docena de antiguos y bellos liderazgos: puntos de referencia en esta babel de influencers de la banalidad, dirigentes sobrevenidos y capitostes perversos

HELENISMO: La Grecia de Ulises, que, bajo el amparo de Atenea, diosa de la sabiduría, regresa a Itaca sorteando las malas pulgas del cíclope y de las sirenas. Un liderazgo rebosante de juicio, ingenio y prudencia.

El mito griego de Faetón lo ilustra perfectamente: el desaguisado que se produce cuando quien coge las riendas (de un carro, pero también de un país, una institución, una familia…) es irreflexivo, un descerebrado.

También la Grecia de Sócrates, quien defenderá el amor a la verdad frente a la persuasión interesada de los sofistas, expertos en brillante retórica. El liderazgo, pues, del filósofo auténtico, de reflexión serena en medio de gritos, sermones y arengas, que nos ilumina como un faro ante demagogias y mixtificaciones; el liderazgo del saber y de la consciencia frente a una asunción acrítica y sectaria.

LA TRADICIÓN JUDÍA: Moisés trató de justificar como pudo sus pocas ganas de ir a ver al faraón; es que no era un gran negocio liderar un pueblo veleidoso, desagradecido y quisquilloso, y, encima, atravesando un señor desierto; un pueblo que, cuando las cosas se tuercen, se impacienta, protesta y se entretiene con sucedáneos del Altísimo.

Porque la fidelidad a Dios no es siempre complaciente, ya que lejos de satisfacer los caprichos humanos, impone deberes a quien le abre el corazón: defender la justicia y la libertad, acoger a los necesitados (Ez 22,29), enfrentarse a los gobiernos corruptos (Jr 22, 13-19), denunciar la perversión de la religiosidad (IS 1, 10-17), animar a la conversión y anunciar que otro mundo es posible (Is 32, 15-20.

Un Dios que no otorga privilegios sino responsabilidades, que no da poder, que más bien llama a servir con sabiduría benévola (Sb 7,22-23). Voces proféticas que con esta inspiración han continuando resonando más allá del judaísmo, hasta el día de hoy: Pere Casáldiga, Leonardo Boff…

EL JAINISMO: Esta religión india tiene como principio supremo la ahimsa (no-violencia), que comporta el cultivo de valores como la paz y la compasión hacia el resto de seres vivos. Por eso, impulsa prácticas como el vegetarianismo, y también es fundamental la anekantavada, la idea jainista de que nuestro conocimiento sólo puede ser parcial y de que nadie posee la verdad absoluta, motivo por el cual hay que respetar todas las opiniones.

Siempre fiel a la ahimsa, un valor que Gandhi consideraba común a todas las religiones, él lideró el movimiento de independencia de la India del poderoso imperio británico. Sus métodos de desobediencia civil no violenta radical inspiraron a líderes occidentales cristianos como Martin Luther King, Lanza del Vasto, Lluís Maria Xirinacs… La ahimsa inspira, de hecho, a todos los mensajeros de la paz, de ayer y de hoy y así, la activista ambiental Jane Goodall. Buenos liderazgos: pacíficos, valientes y conciliadores.

EL TAOISMO: Esta tradición china se basa en el Daodejing, obra atribuida al misterioso sabio Laozi. Para ser un buen líder, hay que permanecer en armonía con el Tao, en el camino de la virtud; y esto implica, por ejemplo, esperar pacientemente, sin empujar el curso natural de los acontecimientos con esfuerzos inútiles, tal como crecen las plantas: obrar sin esperar recompensas, resultados precisos o tenerlo todo controlado; ser espontáneo, prestando más atención a la intuición, no solamente a la mente lógica; caminar al lado o detrás, incluso pasando desapercibido, pero no delante, exhibiéndose y atribuyéndose los méritos de los éxitos; ser suave, adaptable y flexible como las plantas al nacer o como el agua. Así pues, un liderazgo sereno, discreto, delicado y ecuánime.

EL UBUNTU: Este principio tradicional propio del África austral fue conocido más ampliamente en nuestro mundo desde la transición democrática en Sudáfrica, con los liderazgos de Nelson Mandela y Wangari Maathai. El término Ubuntu, de las lenguas zulú y xhosa, significa “Yo soy el que soy por lo que todos somos”. Es, pues, una actitud y, al mismo tiempo, una norma ética caracterizada por un profundo sentimiento de pertenencia a la comunidad; la disponibilidad hacia los otros, el apoyo mutuo; el rechace a cualquier tipo de humillación, opresión o menosprecio del otro; el espíritu de reconciliación, la capacidad de perdonar, escuchar, conocer y valorar incluso a los que quieren perjudicarme; el hecho de buscar la felicidad de todos y no sólo la propia, en fin, de ir juntos, de la mano.

LA HAUDENOSAUNEE: Muchos pueblos indígenas, como la confederación de las seis naciones iroquesas, mantienen una visión del mundo, unos valores y unos sistemas de gobernanza, en armonía con la naturaleza, que han superado la prueba del tiempo. Entre los iroqueses, el liderazgo es colectivo, formado por consejos de ancianos, hombres rectos y sabios, que han sido escogidos por consejos de ancianas. Las decisiones se toman siempre lentamente, escuchándose pacientemente y en profundidad, para aplicar, en cada caso concreto, los principios profundos de su Ley Sagrada, que definen responsabilidades, no sólo hacia la comunidad humana sino también hacia la no humana del presente, pasado y futuro. Uno de estos principios es que toda decisión ha de orientarse al bien de la séptima generación. La aplicación no cuidadosa de un principio es motivo para ser excluido del consejo de gobierno. Una voz, un liderazgo, el indígena, fundamental como ejemplo de custodia amorosa y gestión responsable, cuidadosa y resilente de la propia vida y de la de los seres que la sostienen material o espiritualmente.

La Naturaleza como maestra y guía suprema

Sí, la Naturaleza como maestra y guía suprema; si no la tenemos en consideración, cualquier liderazgo humano, por acertado que sea, será problemático, a fuer de descontextualizado y parcial. Dicho al revés: no puede haber liderazgo del todo ejemplar si no escucha y respeta las fuerzas superiores bajo las cuales toda manifestación de la realidad tiene lugar, si no se orienta a la veneración y cuidado de la red de la vida -cada vez más amenazada-, si no subordina a ésta todo propósito y acción.

En este sentido, podemos recordar a Raimon Panikkar cuando nos decía que se necesita ecosofía, la sabiduría primordial de la propia Tierra de la cual es intérprete el hombre, una sabiduría que ha de escuchar con amor para aprender a vivir bien. Actitud ésta, a la par ancestral y transcultural, que hay que entender; firme y humilde al mismo tiempo, basada en una actitud de servicio al bien común y al ser humano en toda su integridad.

Sepamos reconocer los liderazgos fieles a los ideales más nobles

En definitiva, confiemos y sepamos reconocer aquellos liderazgos -siempre los hay- fieles a los ideales más nobles, liderazgos entusiasmados y responsables, que preservan la armonía, al permanecer alineados (inspirados, ungidos, ordenados, sometidos, unidos…) con lo más grande, más bello, más bueno, más verdadero, más santo, Liderazgos como el de los maestros sufíes, cordiales, de esforzada pureza, sin ego; liderazgos sacrificados, instrumentos para conducirnos hacia (elevarnos a, ofrecernos refugio en) una vida más auténtica y gozosa; liderazgos previsores, iluminados por el espíritu de sabiduría, comprometidos en cuerpo y alma con la justicia social, la paz y la concordia; liderazgos íntegros, pero amables, discretos, pero luminosos, impremeditados, pero diligentes; liderazgos que se sepan y comporten como hijos de la Tierra.


Este artículo ha sido publicado en el número 194 de Ciutat Nova: ¿Líder de quien? 

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