Cuando el desbarajuste del entorno nos invitaría a la quietud, a cobijarnos en casa y la mano tendida, son millones las personas que se ven obligadas a moverse para sobrevivir, a dejar la propia tierra: personas abandonadas por las personas.

Desigualdad de oportunidades

Buscar las causas que provocan las migraciones es como adentrarse en un complejo entramado de efectos interconectados que actúan en la geografía y en la historia de manera a menudo espasmódica y como síntoma de patologías de origen diverso, a veces oculto y, por eso, de difícil comprensión. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) responden fielmente a esa tipología de fenómenos que precisan de un tratamiento multidisciplinario y tejido de relaciones interdependientes.

Y aun siendo así, la identificación de un factor principal puede ayudarnos a una mejor comprensión de cualquier relato. En este caso, nos fijaremos, en primer lugar, en el ODS 10, dedicado a la reducción de las desigualdades. Un objetivo que, además de la implicación de múltiples factores, necesita saber nadar contra corriente. Las desigualdades presentan una tendencia creciente dentro de los países y también entre ellos, posiblemente agravada todavía más por la crisis de la Covid–19. Estas desigualdades presentan muchas caras, siendo una de las más crueles la desigualdad de los ingresos. En este sentido la ONU, en su Informe sobre Desarrollo Humano de 2019, prevé que, si sigue la tendencia actual, en el año 2050, el 39% de la riqueza mundial estará acumulada en manos del 1% de la población más rica del planeta.

Esta falta de recursos mínimos para sobrevivir de una parte creciente de la humanidad empuja a millones de personas a desplazarse a la búsqueda de las mínimas condiciones de vida. La meta 10.7 de los ODS establece que es necesario: Facilitar una migración y movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, también mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas. Sólo con asomarse al Mediterráneo, el drama que contemplaremos nos mostrará de manera evidente que es necesario avanzar decididamente en este objetivo.

¿Y la pobreza?

De hecho, es el conjunto de las causas de los ODS lo que configura la gran causa de las migraciones, pero ya que hemos identificado un factor principal, la desigualdad, hagámoslo también con una de sus derivadas más directas: la pobreza, de la que el ODS 1 demanda su erradicación. Y aquí se nos abre un nuevo abismo donde buscar, sin vértigo, ya que aquí radican las dificultades de acogida y de hospitalidad.

Desde la prehistoria, los humanos hemos vivido en clanes, en círculos pequeños y recelosos de aquel que no pertenecía a nuestro ámbito cercano. Podríamos decir que nuestro cerebro no está suficientemente preparado para acoger las diferencias, sino más bien lo contrario. La biología es un lastre que nos juega una mala pasada. El valor de la hospitalidad cuenta con un largo viaje a través de la historia de la humanidad y su consecución continúa siendo un reto en el que hay que poner en juego algo más que buena voluntad.

Lo que es más difícil de acoger es lo que nos representa un peligro, un riesgo, una incomodidad. En este sentido, la pobreza ocupa el primer lugar del podio. Nos da miedo lo que es diferente, nos causa terror la pobreza. Por eso, erradicarla puede ser el mejor antídoto para reducir una xenofobia que, a menudo, esconde una aporofobia, adoptando el término de Adela Cortina. Es decir, el rechazo al pobre antecede al  rechazo a la persona que es diferente. Parece bastante probable que, si todas las personas migrantes llegasen con una cuenta corriente en   números azules y con la tarjeta de crédito en la mano, el nivel de acogida, posiblemente, aumentaría súbitamente.

Una gran oportunidad

A pesar de todo ello, la introducción de la Agenda 2030 no plantea el relevante fenómeno migratorio como un problema sino como una oportunidad: “Reconocemos la positiva contribución de las personas migrantes al crecimiento inclusivo y al desarrollo sostenible. Reconocemos también que la migración internacional es una realidad pluridimensional muy adecuada para el desarrollo de los países de origen, de tránsito y de destino, que exige respuestas coherentes e integrales”.

La posibilidad de aplicar todos los objetivos de los ODS a todos los países pone de manifiesto cómo cada uno de ellos puede tener un papel en el fenómeno migratorio y proporcionar un marco para avanzar hacia una gobernanza internacional de la migración más efectiva y basada en alianzas mundiales, yendo más allá de la típica clasificación entre países (de origen, de tránsito y de destino).

Esto permite focalizar la Agenda de manera que el centro se sitúe en averiguar cómo las mujeres y hombres migrantes pueden contribuir a caminar hacia una visión más holística, que reconozca la migración como la realidad poliédrica que es y la contribución positiva que puede aportar a los resultados del desarrollo.

La inclusión de la migración en los ODS abre el camino hacia una mayor colaboración entre sectores diversos y, por lo tanto, hacia una mayor coherencia de las políticas. La conexión migración–ODS va mucho más lejos de la implementación de políticas de migración e implica su integración en los diferentes sectores de la gobernanza. Las políticas de migración pueden mejorar los resultados del desarrollo y las políticas de desarrollo pueden mejorar los resultados de la migración.

El diamante

La humanidad tiene una piedra preciosa en sus manos. De hecho, la ha tenido siempre. Se trata de un tesoro, que no es otra cosa sino las mujeres y los hombres que configuran la humanidad en cada momento de la historia.

Como la mayoría de las piedras preciosas, necesita ser pulida para que quede al descubierto su verdadero valor. Los ODS ponen en nuestras manos las herramientas para hacerlo con relación a los millones de personas que se desplazan por todo el planeta: No solamente la reducción de las desigualdades (10) y la erradicación de la pobreza (1), como ya se ha dicho, sino también otros como la educación de calidad (4), la igualdad de género (5), el trabajo decente y el crecimiento económico (8), paz, justicia e instituciones sólidas (16), entre otros.

Herramientas que pulirán las diferentes facetas de un diamante de incalculable valor. Herramientas que sólo pueden utilizarse desde la cooperación y que invitan a un aprendizaje que permita descubrir la riqueza del otro, más allá de los miedos; herramientas que conduzcan a una cultura de la acogida y la hospitalidad más allá del lastre de la propia biología; herramientas que religuen la humanidad de ayer con la de hoy y la de mañana, con la de aquí y la de allá, con la de un color y la de otro.

La Agenda 2030 nos propone dejar de plantearnos si tenemos que acoger y a quién, para pasar a plantearnos solamente cómo lo hacemos.


Este artículo se publicó en la revista Ciutat Nova 183 – otoño 2020

Acerca del autor

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Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

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