Entrevista a Fadi Chehadé que considera las nuevas formas de usar la tecnología y lo que esta crisis nos está enseñando.

Por Susanne Janssen

Fadi ChehadeAtrapadas por la crisis ocasionada por el último coronavirus, grandes porciones  de nuestro mundo se han desmoronado: oficinas, escuelas, restaurantes e iglesias han cerrado sus puertas; no se nos permite visitar a miembros de nuestra familia y tampoco a nuestros amigos; esperamos, a pesar de todo, que nuestra economía, nuestras comunidades y nuestros sistemas educativos sobrevivan.

Lo que todavía sigue funcionando es internet. Todo, desde fiestas de cumpleaños, lecciones escolares, ensayos de coros y conciertos han sido trasladados a lo virtual. La editora de Living City Magazine, Sussanne Janssen ha mantenido una entrevista con el experto de internet Fadi Chehadé. Él está en la Junta consejera del Centro del Foro Económico Mundial para la Cuarta Revolución Industrial y es miembro del Panel de alto nivel de la Secretaría General de la ONU para la Cooperación Digital, y fue el anterior CEO del ICANN, la autoridad global que supervisa la infraestructura lógica de internet.

¿Había  pensado Vd. anteriormente que Internet llegaría a ser tan importante durante la pandemia?

Internet funciona porque fue diseñada para esto, justamente para tratar con esta clase de crisis, para que estuviéramos seguros de que todavía podríamos comunicarnos. No fue diseñada para YouTube ni para Netflix… y funciona: todos podemos trabajar, podemos compartir información y podemos seguir juntos y saber de las penas y alegrías de los otros.

Pero el acceso es desigual; los hay que pueden trabajar desde casa y sus hijos pueden seguir sus estudios on line, pero también los hay que ni siquiera tienen un portátil…

Es cierto, hay desigualdad, un foso entre ambos. Pero mi predicción es que, dado que internet ha demostrado ser una herramienta resiliente, algún día, todos tendrán acceso a ella. Y yo creo que eso impulsará las inversiones. Por ejemplo, el día después del cierre de las escuelas a causa del coronavirus, la Ciudad de Nueva York, entre otras, inmediatamente proporcionó portátiles gratis a los estudiantes que los necesitaban…

¿Qué es lo positivo de esta tendencia? ¿Qué podría ser peligroso?

Este empujón para que nos conectemos virtualmente está aconteciendo en un tiempo en que se nos dice que hemos de mantener la distancia social. Si me fijo en mis hijos (que ahora ya rondan los veinte años), veo que están encontrando a faltar el salir y tomarse un café y charlar a fondo con sus amigos. ¡Nunca habían dicho eso antes! Muy a menudo, cuando salíamos con mi mujer a cenar, veíamos jóvenes de 20 años comiendo, sujetando con una mano el tenedor y el móvil con la otra. Ahora, todos dicen: “Nos vamos a volver locos, ¡necesitamos encontrarnos con nuestros amigos cara a cara”! Yo creo que, seguramente, algún bueno saldrá de este distanciamiento obligado. Yo soy ingeniero y creo que todo movimiento pendular encuentra su equilibrio.

Sin embargo, cuando se levante el confinamiento, la gente puede tener miedo de salir, de darse la mano, etc. ¿Usted. cree que existe el riesgo de que la vida pública llegue a ser más virtual que nunca?

Creo que hemos traspasado una línea y que será difícil retroceder. Y esto lo veo en todo, no solamente en los negocios.

Estoy en un pequeño grupo de beneficencia de Los Ángeles, donde también hay personas de 70 y 80 años, que nunca habían usado anteriormente Zoom. Durante tres años, les estuve pidiendo que me permitieran que nos conectáramos por internet, pero ellos me decían “No, no, todos nosotros tenemos que encontrarnos y tomar un té juntos” Pues bien, ahora mismo, todos se están reuniendo por Zoom, y creo que hay cosas que son difíciles de desaprender.

Lo cierto es que estamos desarrollando unos nuevos “músculos de conexión social”. Sin embargo, ese no es el objetivo, es una herramienta.

Una amiga mía me contó, hace unos  días, que había tomado la decisión de pagar a todos los trabajadores cuyos servicios había requerido antes, aunque ahora no podía utilizarlos. Mediante una aplicación de su móvil para pagar electrónicamente, -por ejemplo- pagó 100$ a la señora que acostumbraba a hacerle la manicura; ésta le llamó para decirle que si mi amiga no le hubiera dado los 100$, ella no hubiera podido dar de comer a sus niños aquella semana.

Los hábitos  del corazón son algo que no se puede desaprender. Yo creo que las interacciones sociales volverán porque las estamos encontrando a faltar terriblemente precisamente ahora, y lo virtual entra en el juego del equilibrio como un medio, no como el objetivo final. Emplear tiempo en Instagram no es un objetivo, pero usar Instagram para comunicar visualmente lo que estás haciendo es maravilloso.

¿Debería tener cuidado la gente con lo que publica en las redes sociales?

Más que nunca, tenemos que ser cuidadosos. Necesitamos tener  cuidado personal, más que nunca, y actuar con un sano juicio preguntándonos, “¿Comparto esto por amor y por atención a los otros o para alimentar mi ego?”.

Por otra parte, es importante incrementar nuestros esfuerzos para supervisar las empresas. Zoom ya ha tenido un par de incidentes de seguridad cuando, hace unas semanas, se revelaron detalles de una reunión del Gabinete del Reino Unido. Se hizo con poco cuidado, porque  querían organizar más reuniones  a pesar de que estaban sobrepasando su capacidad, por lo que se difundió contenido a través de canales no del todo seguros, con  riesgo de verse comprometidos.

Algo tiene que suceder para que nuestras reuniones y datos sean seguros. Tenemos mucho cuidado cuando se trata de guardar las llaves de nuestra casa pero, en cambio, tenemos muchísimo menos interés acerca de nuestras llaves virtuales. A diferencia de hace un mes, cuando sólo teníamos que preocuparnos por asegurar nuestros datos bancarios, ahora todo está implicado: trabajo, vida, información financiera, mis secretos, mi familia. Y se ha convertido en una responsabilidad personal y colectiva el establecer normas.

A nivel de los proveedores, ¿Qué se debería hacer para eliminar las malas informaciones? Por ejemplo, ¿Cómo podría una empresa como Facebook eliminar las fake news y, sin embargo, garantizar la libertad de expresión?

Es importante que instalemos algunas bandas  de protección –uso esta expresión con mucho cuidado aquí, porque eso tiene que ser más que una directriz. Los gobiernos tienen que hacer que las empresas seguras respeten unas bandas de seguridad en sus plataformas y servicios. Tenerlas en cuenta debería ser también de obligado cumplimiento. Es la diferencia entre dos líneas amarillas en medio de la carretera que indican “No las cruces” y poner una barrera física, real. Y estos límites razonables, tanto de conducta como de funcionamiento necesitan ser supervisados y hacerlos cumplir. Esto es lo que actualmente falta, la legislación está muy fragmentada y las compañías se aprovechan de esa fragmentación en beneficio propio, les encanta.

Con respecto a las noticias falsas (fake news) el mundo tiene un problema con la verdad, que va para largo. Cien años atrás, la gente estaba sentada en la plaza del mercado y voceaba una cura milagrosa; ahora, eso puede hacerse en una página web que alcanza a millones de personas. Sin embargo, ya existen marcos de referencia que permiten identificar las “fake news” basándose en su fuente.

Hay tres o cuatro marcos de referencia competentes: uno de ellos es de Google, otro es de Facebook, pero sólo hay uno que es independiente, y yo me fiaría más de éste porque no está comprometido con intereses privados. Fue constituido en Nueva York por el ex­-editor del Wall Street Journal; su nombre es   newsguardtech.com. Esta herramienta trata de ayudar indicando: “Ten cuidado con esta página, aquí tienes quien está detrás…” Por lo que, realmente, es una herramienta útil

Sin embargo, hay países que quieren intervenir activamente en elecciones extranjeras. ¿Qué puede hacerse para resolver esto?

Todos nos alarmamos cuando supimos por vez primera de Cambridge Analytics, la compañía que interfirió en muchas elecciones, incluyendo las últimas presidenciales de EEUU. Ahora, ya es algo completamente aceptado que hay intromisión en las elecciones, en todo el mundo. El proceso democrático es ahora menos fiable que lo era hace dos años. Yo creo que este trastorno del sistema global está siendo apropiado por regímenes que se benefician de la carencia de confianza en el proceso democrático; eso les gusta y quieren demostrar que durante la pandemia, tales regímenes top-down (de arriba hacia abajo) sirven mejor a la gente; de aquí, que haya una propaganda masiva que va avanzando en algunos países y  proclama “Mira lo bien que lo hemos conseguido, porque lo hemos gestionado top-down.

Entonces, ¿Qué podríamos aprender de esta crisis, como sociedad y como individuos?

Lo que más he aprendido de esta crisis es que somos más bien como los álamos, que están conectados bajo tierra a través de su sistema de raíces, más que como las palmeras, que crecen por si mismas. Teniendo en cuenta que el 38% de los norteamericanos viven solos, lo que esta crisis me ha enseñado, sobre todo, es  que corresponde a mí el comenzar a conectarme con otros, que podrían estar solos. Nuestras comunidades necesitan desarrollarse más como álamos que como palmeras.

Lo que también he aprendido, en segundo lugar, ha sido mediante la lectura de un gran libro, Finding Sanctuary: Monastic Steps for Everyday Life, escrito por el abad de un monasterio benedictino de Inglaterra; él explica cómo cada uno de nosotros puede encontrar su santuario en el mundo.

Tengo muchos encuentros por Zoom con mis amigos todas las tardes y puedo afirmar que algunos de ellos están experimentando una enorme soledad, tanto si viven físicamente solos o con sus familias. Pero otros tratan de encontrar su santuario reflexionando, volviendo a empezar y renovándose: reflexionando y dedicando algún tiempo al Señor, volviendo a empezar, porque necesitamos tener valentía para poner las cosas en el lugar que les corresponde, y renovándose en la belleza a la que Dios nos ha llamado.

A nivel macro, la crisis ha puesto en evidencia la fragilidad de nuestros sistemas mundiales: el sistema político, el económico, el sanitario, todos han sido puestos a prueba. Creo que la fragilidad de estos sistemas ha sorprendido a muchos de nosotros y creo también que reavivará el debate sobre la cuestión de qué tipo de sistemas necesitamos como sociedad para trabajar.

Y necesitamos reorientar el tema de la desigualdad. Creo que  el mundo se ha hecho más unido de lo que nunca antes había sido. Este pequeño e invisible virus tiene su manera democrática de engancharse a cada persona y es claro que nosotros somos, realmente, un único pueblo en este planeta.

Esta entrevista se publica en el número de junio 2020 de Living City

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