Desde que Alfons Cornellà publicó su libro “La solución empieza por CO” han pasado ya más de cinco años. Ciertamente, a la solución todavía no se la espera. Pero resulta innegable que en estos últimos años, la partícula CO ha tomado un extraordinario protagonismo. Más de uno estará ya pensando en aquello de la competición y la confrontación. De hecho, esto si que nos a llegado a raudales. Pero también se habla, y mucho, y cada vez más de otro tipo de ‘CO’. Una partícula CO más en la línea de lo que apuntaba Cornellà y que se anuncia como el prólogo de un libro que podemos acabar escribiendo entre todos.

En 2014, publiqué en el blog ‘Empresa y Marketing’ un artículo (en catalán) sobre el ‘coworking’ que, ya entonces, no era ninguna novedad. Ahora es habitual hablar de ello y proliferan los espacios de coworking en los ámbitos más diversos de la actividad humana. También hace algunos años se empezó a hablar del ‘cohousing’ como un fenómeno nacido en Estados Unidos y promovido por personas mayores un poco excéntricas. Hoy en día, la idea de viviendas compartidas como alternativa a las residencias convencionales para gente mayor, está a la orden del día. Por todo el estado español han surgido cooperativas, como por ejemplo ‘Convivir Cooperativa’, para hacerlo realidad; gabinetes de arquitectura y asesoramiento para diseñar el proyecto (pongamos por caso, eCOHOUSING, Arquitectura para nuevas formas de vida) y plataformas como Trabensol (Centro social de convivencia para mayores) que dan soporte a comunidades muy activas. En el sector del turismo, es ya antiguo el concepto de ‘time-sharing’ (tiempo compartido) que permite disfrutar de un alojamiento turístico durante unas determinadas del año, mientras el resto de semanas son otros propietarios lo que tienen esta posibilidad.

Para muchos jóvenes, no resulta extraña la idea de compartir coche para sus desplazamientos habituales o no, a través de las diversas plataformas de la mal llamada ‘economía colaborativa’. Este es un fenómeno que ha alertado a la potente industria del automóvil de diversos países, ya que cada vez se hace más evidente el rechazo de muchos jóvenes a compararse un coche. Asimismo, es muy habitual gozar de un período de vacaciones utilizando los servicios de alguna de las plataformas que ponen en contacto al propietario de un alojamiento con la persona o familia interesada en utilizarlo durante su visita. En las ciudades, se ha generalizado el servicio de bicicletas compartidas, librándonos de la necesidad de poseerla en exclusiva si es que estamos dispuestos a usar las de este servicio público.

Compartir, colaborar, cooperar son conceptos que están al orden del día. Se puede pensar que se trata de una moda. Quizás, pero a lo mejor es una necesidad. De hecho, lo que es seguro es de que se trata de un negocio. De aquí que, el término economía colaborativa no sea del todo adecuado. Querría pensar, pero, que se trata de una tendencia que apenas está comenzando, Una tendencia que nos empuja a tratar de afrontar los problemas de una forma más colectiva, una vez hemos constatado que el individualismo es un remedio poco eficaz, ante los enormes retos que se nos plantean. Una tendencia aún titubeante, todavía superficial, basada aún más en el ‘qué’ que en el ‘por qué’. Aún permanecemos parados en qué cosas compartimos y a través de qué medios lo hacemos. Pero pienso que, poco a poco, irán aflorando las motivaciones más profundas que nos llevan a la partícula CO. Las herramientas que lo permiten se irán impregnando de la necesidad de sentirnos cercanos, de saber que no estamos solos, que si compartimos aquello que tenemos, no sólo caminamos hacia un nuevo modelo económico, sino también social y de convivencia.

Acerca del autor

Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

0

Finalizar Compra