¿Alguna vez te has preguntado por qué sabemos tanto sobre prácticas que no son sostenibles y, sin embargo, el cambio es muy lento? Nuestros comportamientos son como la punta visible de un iceberg, lo que vemos de él, pero la mayor parte de su volumen está sumergido. Los cimientos que fundamentan nuestras creencias, valores y suposiciones, que no son necesariamente conscientes, no se ven.


Estamos viviendo tiempos interesantes, con desafíos sociales, morales y ambientales que afectan a todo el planeta. Mucho de lo que nos hemos acostumbrado a hacer ya no funciona, y las consecuencias están a la vista de todos. En lo más profundo se encuentra algo que funciona mal y en nuestro alrededor podemos percibir una fuerte ruptura que, como una potente llamada de atención, nos está sacudiendo. Sin embargo, cuanto más dura es esta disrupción, más poderosa es la respuesta de muchas personas que en todo el mundo están apelando a su ser más íntimo, más superior, y muestran unos comportamientos que sí son coherentes con el cuidado de nuestro planeta y de las relaciones entre sus habitantes. Esta es su hora. ¿También la tuya?

En nuestro mundo empresarial y laboral, pero también –más de lo que nos pensamos- en nuestra vida ciudadanna, se persigue el éxito y competimos con otras empresas o compañeros con el objetivo de estar mejor situados en el mercado y crecer o, al menos, no vernos desplazados. Sin embargo, raramente nos paramos a reflexionar en qué consiste el éxito personal para nosotros. Ni siquiera tenemos tiempo para plantearnos si la colaboración podría ser una estrategia mejor que la competición; tampoco para darnos cuenta que, sin que sea nuestra intención, nuestros cálculos de crecimiento -o, también, nuestro presupuesto familiar- están impactando negativamente en el medio ambiente, en nuestra comunidad, en nuestros hijos o, en definitiva, en el mundo al que estamos dando forma.

Si por un momento nos parásemos a valorar estos comportamientos, la punta de nuestro iceberg personal y colectivo, descubriríamos que nuestras acciones no se corresponden con nuestros valores, con la gran masa del iceberg que no se ve. Y esta desconexión tiene sus consecuencias a nivel personal y también planetario.

El hecho es que para vivir solo necesitamos cosas muy básicas: comida, aire, agua, energía y… otras personas. Sin embargo, hoy en día es evidente que la situación del mundo es muy distinta: residuos nucleares, contaminación del agua y del suelo, productos químicos en nuestros cuerpos, diferencias en el acceso a los medicamentos, liberación de CO2, fugas radiactivas, escasez de agua, pérdida de diversidad biológica, sensación de soledad, depresiones, adicciones, estrés… En los últimos 50/80 años hay algo que ha ido mal en la forma de obtener estas necesidades tan importantes para nosotros.

LA HORA DE LA MENTALIDAD 2.0

Hay que hacer las cosas de forma distinta porque el origen de estos comportamientos radica en nuestra predisposición, en nuestro paradigma mental, en definitiva, en nuestra mentalidad.

En 2005, convencida de la necesidad de este cambio, me dediqué a estudiar cuál era el paradigma mental, la forma de pensar, de algunos líderes que se habían convertido en agentes de transformación en su empresa, al introducir una nueva forma de ver la misión de la empresa, reconectando a los empleados con sus valores más fundamentales. ¿Qué les hacía comprometerse en iniciativas sostenibles? ¿Había algo en común entre ellos? Y, de ser así, ¿qué era? Si conseguíamos entender su mentalidad, lo que les movía, quizás podríamos desarrollar una nueva generación de líderes.
Durante las entrevistas con estos líderes, descubrí algunas características comunes en su forma de pensar y de ser que les predisponían a promover iniciativas de cambio sostenible en sus empresas, muchas veces de forma arriesgada.

Su forma de pensar no seguía la lógica habitual que nos lleva a priorizar el beneficio económico por encima de cualquier otro objetivo, sino que tenían una predisposición a la interconexión y una visión a largo plazo. A su vez, todos ellos se mostraban muy innovadores, con una forma de razonar que atribuimos al hemisferio derecho del cerebro, responsable de nuestra versatilidad y creatividad.

En cuanto a su forma de ser, estos líderes eran personas reflexivas e introspectivas, interesadas en aumentar su autoconciencia y con una fuerte sensibilidad hacia la unidad con la naturaleza. Por otro lado, eran capaces de interrogarse en profundidad y concluir que la mejor opción es la colaboración con los demás. Mi conclusión fue que todos estos líderes tenían lo que yo llamo un Sustainability Mindset, una mentalidad sostenible.
Llegados a este punto, la pregunta lógica es: ¿se puede educar este modelo mental? Y, si es así, ¿cómo podremos contribuir personalmente a este compromiso de sostenibilidad? Efectivamente, yo creo que se puede educar, y a esto me he dedicado estos últimos años, tanto desde mi actividad académica, como con la colaboración en varios proyectos, alguno de ellos directamente relacionado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030 que la ONU ha enunciado y de los que se habla en otras secciones de este número de Ciutat Nova.

Para empezar este proceso formativo el primer paso consiste en aumentar nuestra conciencia sobre lo que hacemos, o dejamos de hacer, y la relación de nuestros actos con la visión sostenible en la que creemos. En un segundo paso tenemos que conocer y explorar los paradigmas, los modelos mentales, en los que nuestros comportamientos están basados. Como hemos explicado, nuestro comportamiento es como la punta visible de un iceberg, es lo que vemos, y, mientras podemos hacer cambios menores en la superficie, la gran parte del volumen está sumergido. Hay que meterse en el agua porque los cimientos de nuestros comportamientos no se ven. Los valores, creencias y supuestos, que no son necesariamente conscientes, condicionan nuestras acciones. El último paso es la consecuencia lógica: empezar a actuar.

En este recorrido formativo nos puede ayudar el mapa integral del filósofo Ken Wilber, del que se puede ver una adaptación en la matriz de la figura #1..

Siguiendo su esquema, la mentalidad sostenible opera básicamente desde la parte interna, tanto a nivel individual –esto es lo que creo, lo que me importa, mi identidad…– como colectivo –aquí las cosas se hacen así, las vemos de esta forma…–. En cambio, podemos constatar que, en general, nuestra cultura, nuestra formación, nuestras instituciones… se identifican con la parte externa de la matriz: comportamientos, hábitos, iniciativas, normas, instituciones… Si recuperamos la imagen del iceberg, que nos muestra cómo la parte externa solo es una minúscula parte que está apoyada en toda la que no se ve, resulta evidente que las soluciones visibles que tomamos se basan en nuestras motivaciones, quizás inconscientes, en nuestros valores y en nuestros propósitos. Pero no estamos preparados para afrontar los retos necesarios y no tenemos ni tan solo un lenguaje que nos permita hablar de forma comprensible para todos de los aspectos internos: los valores, las creencias, la espiritualidad, las causas, las asunciones colectivas.

NIVELES DE CUIDADO

Una pregunta muy habitual es: ¿Y cómo tratarnos con las personas que no ven más allá de su entorno, o que no les importa lo que nos afecta a todos? Para ello es importante conocer dónde se encuentra cada uno y saber que hay una cierta gradación. El diagrama de la figura #2 nos puede ayudar a ser conscientes de lo que yo llamo “niveles de cuidado” empezando por la dimensión del mi (me preocupo por mi salud, mi trabajo, mi seguridad, mi dinero, mi familia); pasando por la del nosotros (la comunidad, la salud, la riqueza); subiendo a un nivel que ya incorpora una visión más holística y la dimensión espiritual: todos nosotros; para llegar al nivel superior en el que la persona se interesa por todo lo que es y es consciente de su lugar en la naturaleza, en la humanidad, se siente responsable del cuidado del planeta, ve su posición en el cosmos, en la evolución de la humanidad. Estos niveles no se niegan mutuamente, sino que se agregan, y el superior incluye el inferior. Ser conscientes de ello es necesario para poder avanzar hacia un modelo de mentalidad sostenible.


NUEVAS FRONTERAS

También nos puede ayudar visualizar los nuevos retos del desarrollo humano, que nos hagan avanzar concretamente en el camino de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS). La tabla que puedes ver a continuación muestra algunos ejemplos de las nuevas fronteras que tenemos que cruzar:

Ante este panorama quizás eres de aquellos que dicen, “vale, de acuerdo, ¿pero cómo se hace? A continuación de este artículo encontrarás un diagrama con unas cuantas pistas que quizás te interesa seguir.

LA PREGUNTA DEFINITIVA

Somos la primera generación que tiene la tecnología y el conocimiento necesarios para cambiar el rumbo de nuestro planeta, para acabar con la pobreza en los próximos 12 años, en el 2030. Es la primera vez que tenemos esta posibilidad. Los retos ambientales y sociales son enormes, pero tenemos las herramientas y conocemos el camino que hay que recorrer. Solo hace falta un cambio de mentalidad, de paradigma, que consiste en conectar lo que sabemos con nuestro corazón y con un propósito. El cronómetro del planeta está corriendo, así que, ¿lo haremos? O, como nos preguntaría la poeta Mary Oliver, ¿qué piensas hacer tú con tu única, silvestre y preciosa vida?


#1: ¿QUÉ ES UNA MENTALIDAD SOSTENIBLE?

Una forma de pensar y de estar en el mundo que se basa en la comprensión del ecosistema del que formamos parte y sus interconexiones, y una comprensión introspectiva de nuestros valores, los anclajes de nuestra identidad y nuestro propósito. ¿Quién soy yo y cuál es mi propósito? Esta pregunta íntima, que solo nosotros podemos responder por nosotros mismos, se convierte en el lugar donde anclar quiénes somos y qué queremos hacer. La mentalidad se manifiesta en acciones.

#2: ¿QUÉ PODEMOS HACER?

La mentalidad para la sostenibilidad se puede aplicar en todas las áreas de nuestra vida. Imagina que pudiéramos diseñar el planeta como lo deseamos, resolviendo todos los desafíos y corrigiendo todos los errores. Probablemente podríamos presentar la mayoría de las categorías enumeradas en los Objetivos de Sostenibilidad de las Naciones Unidas (ODS): paz, igualdad de género, consumo saludable… Ahora bien, si pudiéramos hacer algo para que se hiciera realidad, tendríamos que revisar lo que compramos, lo que realmente necesitamos, cómo nos entretenemos, cómo nos movemos, cómo nos conectamos con los demás… Descubriríamos que tenemos a nuestro alcance todo lo que necesitamos para hacer nuestra parte para empezar a  dar forma a este mundo mejor.


También dicen

“Las dificultades que tenemos para hacer frente a los desafíos globales de hoy, no son causadas por un vacío de conocimiento. Tenemos todo el conocimiento que necesitamos. El problema es una brecha entre el conocimiento y la práctica: una desconexión entre nuestra conciencia colectiva y nuestras acciones colectivas.” – Otto Scharmer

“No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos”. (Laudato Sí, 91).

“Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. (LS, 49) Papa Francisco

“El significado de la vida no es un hecho por descubrir, sino una elección que haces sobre tu forma de vivir”. Hilda Bernstein


Autora: Isabel Rimanoczy – «Si hoy estás vivo, tienes un papel para jugar». Consciente de los complejos desafíos de nuestro planeta (y nosotros en él), trabajo con aquellos que pueden multiplicar el impacto. Lo hago enseñando, escribiendo y asesorando a instituciones académicas en el área de sostenibilidad estratégica.

 

 

 

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