Informaciones, noticias, tiempo desmenuzado, falta de sentido, desorientación…


Mientras dormimos, las informaciones se acumulan en las bandejas de notificaciones de nuestros dispositivos digitales. En cuanto suene la alarma, nos asaltará toda una avalancha de noticias. Mientras dormíamos han continuado pasando cosas en nuestro huso horario y en otros. Todas estas informaciones se van sumando, van engrosando una lista de hechos sin sentido que reclama nuestra atención, roba nuestro tiempo y esconde lo que de verdad nos está pasando.

La pregunta que nos asalta a menudo es: ¿qué está ocurriendo? Como si no lo supiéramos, como si alguien nos lo tuviera que decir. Consultaremos móvil y tableta, almorzaremos con la radio, almorzaremos con la televisión, conduciremos escuchando las noticias u otras informaciones. Como mariposas pasaremos de información en información, sin detenernos, sin tiempo, sin reflexión, sin contemplación ni contemplaciones.

Viviremos una jornada tras otra en la provisionalidad, en el corto plazo y en la inconstancia que todo lo domina. Nada es duradero, los «para siempre» han muerto. Las informaciones se suceden una tras otra sin freno. Lo que ahora es blanco, dentro de un rato puede ser negro, o azul, o verde, no importa… Cada información es efímera, de corta duración y nos lleva al tobogán de la actualidad, al vértigo del estar siempre al día de todo.

¿Y el hilo? ¿Dónde está el hilo? Lo hemos perdido o ya no sabemos siquiera si existe. La inmediatez impide pararse a buscarlo. Las informaciones, la digitalización y la informatización fragmentan el tiempo y perdemos la dimensión temporal propia del ser humano. Ningún hilo religa ninguna historia. No existe historia, no hay narración, no hay relato. Sólo informaciones.

Estamos muy bien informados, pero esta carencia de relato hace que estemos desorientados. ¿Qué sentido tienen todas estas informaciones que sólo son aditivas? Sólo se van sumando hasta la exasperación; a veces, hasta la inquietud o la angustia. Roban el tiempo de la reflexión, ese tiempo que permitiría encontrar el hilo, seguirlo y descubrir el sentido profundo de las cosas que vivimos, de las cosas que nos pasan, de las que deseamos y de las que no querríamos ver ni en pintura.

El sentimiento de comunidad va ligado al sentimiento de fiesta. Una fiesta que ha sido penalizada por un sistema de trabajo que aísla e incomunica a las personas. Es en estos tiempos de construcción de un “nosotros” donde podríamos encontrar ese hilo que va tejiendo la historia; la mía, la tuya, la nuestra. Conviene recuperar con urgencia estos espacios que tienen una simbología común, unos rituales, que se repiten con una cadencia prefijada, que nos ayudan a recorrer el relato de nuestra vida. Permiten orientarnos, tomar la dirección hacia dónde queremos ir, ese camino que va dando sentido a las decisiones que tomamos.


Esta entrada se ha publicado en el blog del autor (texto en catalán): Prop de l’Onyar


Si lo prefieres puedes escuchar la entrada en formato podcast (audio en catalán):

Pòdcast Mirades – Episodi 2

Acerca del autor

Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

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