“Medios superados, para un fin, no superado”

Martin Luther King (“La fuerza de amar”)

 

Cuando este apóstol defensor de los derechos humanos decía esto, se refería a que el hombre puede ir a la luna, puede desayunar en Paris y comer en Nueva York … puede encontrar en un tiempo récord una vacuna para cortar una pandemia … pero todavía no ha aprendido a amar, a orientarse hacia un proyecto global de bien común.

He aquí un apóstol que hizo política, transformó su sociedad, pacíficamente, en la medida de sus posibilidades, abriéndola a nuevos niveles de humanidad, de equidad y honradez. No fue fácil. Lo pagó con su vida.

Hay que defender y conservar las metas sociales que se han alcanzado en nuestra sociedad, revisando siempre que éstas sean auténticamente una ganancia para la sociedad y descubriendo en qué puntos son débiles y se pueden mejorar respecto a obtener un bien superior, más abierto a respetar las minorías y a los desfavorecidos, más integrador de pueblos y descubridor de que las culturas diversas son una riqueza.

Pero hay factores que no hacen nada fácil introducir cambios. Un modelo sistémico que crea riqueza pero que genera cada día más desigualdad social. Una tecnocracia que mejora las comunicaciones y la producción, pero también excluye a grandes grupos sociales. Y un dios, que se ha apoderado de todo y de todos: el dinero. El poder financiero tiene libertad para circular globalmente mientras que a las personas que quieren sobrevivir, se les cierran fronteras. Hay un pueblo que clama, mientras nosotros, la minoría absoluta acomodada, justificamos nuestra cómoda normalidad. ¿Nos atreveremos a ver que el cambio es necesario para nuestros hijos y nietos, y para la humanidad entera? Quizás todos debemos revisar como somos y que queremos en esta vida. Quizás vemos las llagas de los demás y no hacemos la suficiente autocrítica de nuestros comportamientos cotidianos. Y es que aparte del problema social, hay otro problema: la persona. ¿Cómo somos? ¿Podemos vivir sin orgullo? ¿Sin realizar actos de dominio? ¿Podemos actuar y tener como lema el servicio a los demás? Aún queda mucho, quizás toca preguntarnos cuánto tiempo nos queda para que la frase que hace más de 60 años pronunció Martin Luther King quede obsoleta. Puede ser necesario salir del «yo» promovido por una cultura individualista, para abrazar el «nosotros». Este sería un gran primer paso. Pero no todo acaba aquí. Para hacer esto necesitamos ser mejores personalmente, cuidando de nuestra persona, de nuestro interior. Esto nunca se explica en los discursos reivindicativos que quieren cambiar las cosas. Hay que empezar por uno mismo. Ser capaz de aceptar y asumir un nuevo modelo de sociedad que, por supuesto, nos implicará perder para que otros ganen, cambiar hábitos de comportamiento y ser más delicados y exquisitos con los demás. «El que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos». Debemos caminar hacia aquí, conscientes de nuestras limitaciones, pero firmemente convencidos de que este es el camino.

Resumiendo: la nueva política debe ser una política orientada al bien común por encima de los bienes particulares, reparto de riqueza y del cuidado; control político y democrático de los actores financieros y establecer unos parámetros que establezcan una nueva relación con el planeta. Apoyar los movimientos sociales que han sido siempre fundamentales en la introducción de cambios. Hacer aflorar una nueva forma de organizarnos, política y socialmente, necesita de un altermundialismo que reconecte las diversas almas y protestas. Puede ser crucial, la configuración de una cultura de la sobriedad y del cuidado, que ponga la idea de lo que es común en el centro. En una pared estaba escrito: «No Queremos volver a la normalidad, porque la normalidad es el problema». El reto es impulsar decisiones políticas audaces. La pandemia ha dejado un shock grande, pero ha aportado un valor añadido al que no debemos renunciar: la resiliencia, la capacidad de adaptarse a lo imprevisto, y ha abierto la ventana a la toma de conciencia social y política, para emprender los cambios que necesitamos, que también dependen de un urgente tránsito del yo al nosotros. El filósofo senegalés Felwine Sarr afirma: «Soy de los que piensa que las cosas tienen que cambiar. No sé lo que pasará. Pero puedo decir qué deseo y en qué sentido trabajaré. Pondré mi pequeña energía a mis espacios para que el mundo cambie. La gente que quiere que el mundo cambie, no debe pararse sólo en quererlo, debe reflexionar sobre qué acciones se deben tomar para que esto suceda. Tenemos todos los elementos para hacer una acción, y la gran lección a sacar de la pandemia es que este es el momento de actuar para que el mundo cambie. »

Termino con una frase del papa Francisco: «Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo»

Autor: Carles Pedragosa

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