La conversación cotidiana expresa nuestra necesidad de contrastarnos con los demás, verificar nuestro pensamiento, enriquecernos con la experiencia ajena y orientamos en el mundo con ayuda de los demás. En general, esto lo hacemos mediante rituales cuya función es demostrar agrado por lo que nos une al otro y por nuestra pertenencia al grupo.

En la conversación se pone de relieve que la comunicación no es solo un intercambio de información, sino un cuidar la relación para sentirse a gusto. Ahora bien, la conversación espontánea, además de reflejar una sincronización natural con el otro, también manifiesta dinámicas como la afirmación de si mismo, de modo que una simple charla puede degenerar en litigio.

Calidad de la conversación

Ante este hecho, se hace necesario que la conversación tenga una calidad tal que garantice llegar a un consenso para poder emprender acciones conjuntas. Comúnmente se habla de dialogo para referirse a una conversación atenta a las relaciones personales, procurando ponerse en el mismo plano para no dominar y en la que haya escucha y comprensión.

Entendida de este modo, la conversación excluye toda forma de persuasión que trate de imponerse. Un ejemplo podría ser el diálogo entre padres e hijos, ya sean adolescentes o jóvenes adultos, que ambas partes desean y que resulta tan difícil. Cuando se habla de dialogo entre padres e hijos nos referimos normalmente a esa compresión recíproca.

Partiendo del método socrático, algunas corrientes filosóficas han elaborado criterios gnoseológicos, antropológicos y éticos sobre los conceptos de persona, alteridad, intersubjetividad y reciprocidad con el fin de avanzar en la cultura del diálogo y sus variantes emancipadoras, como la comunicación no violenta, la comunicación asertiva o la comunicación abierta. Con ello pretenden llegar a un nuevo estilo comunicativo.

Discursos competitivos y colaborativos

Dialogo, especialmente en el lenguaje político, también significa contrastar ideas, opiniones o programas con el fin de llegar a un entendimiento. En este sentido se habla de «diálogo constructivo» o, por el contrario, «diálogo de sordos», cuando no hay posibilidad de entenderse debido a la gran distancia entre las posiciones o por la poca disposición a escucharse.

Por lo que a contrastar ideas se refiere, en general se habla de discusión, que supone el detenido examen de una cuestión por parte de dos o mas personas, cada una de las cuales expone su punto de vista.

El debate es una discusión pública sobre temas preestablecidos, en la cual se concede a cada participante expresar y dar los motivos de su propio criterio. Debatir, pues, significa discutir y examinar a fondo una cuestión, invitando a los presentes a pormenorizar los pros y los contras de un determinado asunto.

La disputa, en cambio, es una discusión animada y vivaz, a veces acida, entre quien sostiene una tesis y quien defiende la contraria, y suele referirse al ámbito académico. En el centro de la disputa siempre hay una cuestión debatida, un problema o un dilema. Eran famosas, por ejemplo, las disputas teológicas y filosóficas en las universidades de la Edad Media.

Las etapas preliminares y la propia negociación son un mecanismo político o económico en el que, mas que convicciones o valores, se abordan distintos intereses. Por ejemplo, el dialogo social en el ámbito de la Comunidad Europea es un termino técnico que expresa la sincronización de los intereses de tres partes: trabajadores, empresarios y el Estado.

El dialogo

Algunos autores quieren trazar una línea divisoria entre discusión (debate) y dialogo, dejando este segundo término para las formas participativas y conscientemente no competitivas de la conversación.

«El dialogo -dice P. Romney- es una conversación centrada en afrontar un problema, plantear interrogantes y examinar pensamiento y acciones, que conscientemente persigue el objetivo de aumentar la comprensión. Esto supone poner mente y corazón. Es distinto de la conversación cotidiana, en el sentido de que un diálogo siempre tiene un fin y se centra en algo.

El diálogo también es distinto del debate, pues este parte de dos puntos de vista distintos y su objetivo es demostrar la legitimidad y la exactitud de uno frente al otro. A diferencia del debate y de la discusión, el diálogo pone el acento en la relación entre los participantes, que tanto incide en la forma de explorar y exponer un lema. En definitiva, el verdadero diálogo presupone estar abiertos a modificar mis convicciones mas profundamente arraigadas».

Es interesante señalar que este tipo de dialogo, que pone el acento en la calidad de las relaciones, procede del pensamiento feminista, en contraposición a la cultura de la argumentación propia del machismo.

Conversación dialéctica y dialógica

Según D. Tannen, la «cultura de la argumentación, con su tendencia a afrontar las cuestiones en un debate polarizado, y la cultura de la critica, con su inclinación a criticar y atacar las posiciones contrarias como si eso fuese lo mejor, cuando no el único tipo de pensamiento riguroso, echan profundas raíces en la tradición occidental, que se remonta a los antiguos griegos».

Los defensores del debate afirman que participar en los debates favorece el desarrollo de determinadas capacidades intelectuales, como el pensamiento critico, el razonamiento racional y disciplinado, la capacidad de análisis y discernimiento, la formación de criterios claros, y la evaluación y selección de la información recibida. Los valores señalados serian: claridad, precisión, coherencia, pertinencia, profundidad, equidad y respeto de los hechos.

Richard Sennett distingue entre «conversación dialéctica» y «conversación dialógica».

En la primera, el “juego verbal de tesis y antítesis debería llevar gradualmente a una síntesis» y «la meta esta en llegar al final a una definición común». De este modo, para evitar un duelo verbal, «es necesario escucharse con una atención reduplicada».

En la segunda, «mediante un proceso de intercambio, las personas pueden tomar conciencia de sus propias opiniones y ampliar la comprensión recíproca».

En un próximo artículo se abordará la perspectiva del discurso como fuente de inteligencia colectiva.


Artículo de Pál Toth, publicado en la revista Ciudad Nueva (Febrero 2018)

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