¡Yo ya no creo en nada! Pues trata de creer en ti mismo… Descubre un potencial que, oxidado, polvoriento, escondida e interesadamente oculto, habita dentro de ti y contiene lo incontenible. Una puerta abierta a la trascendencia que todo ser humano anhela.

Mientras escribo, miro al cielo. Lo entreveo a través del follaje de los árboles. Es un cielo azul, casi sin nubes. Mirar más allá es una necesidad del ser humano. La música que me acompaña refuerza un silencio que me trasciende y que me hace ver hacía fuera mientras miro hacía dentro. Mirar el cielo, la inmensidad del mar, la atracción que experimenta toda persona por todo aquello que nos trasciende, que va más allá de nuestros límites.

Encontrarnos a nosotros mismos, un camino lleno de obstáculos. Escollos de todo tipo, entre los que me gustaría destacar dos: el ruido y el mercado. Parece como si el mundo actual tuviera miedo al silencio, intentase evitarlo. Aquel silencio del corazón tan necesario para poder escuchar y escucharnos, se ve invadido por ruidos que no nos dejan vivir. Rumores, propuestas, palabrería, notificaciones, gritos, peleas, estridencias, frenesí… obstáculos que saturan la vida de todo aquello que nos aleja de nosotros mismos. El silencio, ¿es quizás un ejercicio demasiado fatigoso en una sociedad dominada por las emociones? El silencio, ¿es quizás un arma demasiado peligrosa que facilita la confrontación con uno mismo, un ejercicio pesado y no siempre agradable?

¿A quién interesa mantener el analfabetismo espiritual? ¿Quién es el beneficiario de esta pérdida de capacidad de vida interior, de paz del alma, de silencio del corazón? El dios mercado, que no puede arriesgarse a perder el favor de trabajadores y consumidores, no fuera el caso de que éstos se descubrieran personas en toda su integridad. Por esto, es necesario estar atentos, porque la auténtica espiritualidad no es un bien de consumo. A través de cursos, lecturas, simulaciones, experiencias y propuestas de todo tipo, nos pueden estar ofreciendo “cancioncillas” fáciles de digerir para hacernos perder el gusto por la escucha de una auténtica, y a menudo nada fácil, sinfonía. Los sucedáneos no pueden deslumbrarnos ni desviarnos de la búsqueda de una espiritualidad auténtica.

Creer en uno mismo también significa creer en los demás. Descubrir que, si acallamos los ruidos, luchamos por el silencio y allí batallamos con valentía hasta descubrirnos, gozaremos de una plenitud humana, y, por tanto, también espiritual, que nos acercará a un profundo y diverso bienestar que puede ser el desatascador del verdadero sentido de la vida.

Este artículo se publicó en la revista número 178 – Luz invisible – Amazon

Acerca del autor

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Colaborador habitual de Ciutat Nova y también... profesor de economía (jubilado), gerundense de adopción de espíritu universal, defensor de causas más o menos perdidas. Pensador por afición. Lector recalcitrante. Escritor vital. Comunicador.

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