bus-stop-384617__180Como electrosensible que soy, los viajes en transporte público son un desafío y una tortura tanto para mi salud física como mental.

A menudo me enfado mucho cuando llego y el transporte se va ya que el marcador que indica los tiempos de espera es un wifi y la mayoría de la gente que espera va con un móvil en la mano. Me siento mal, me enfado y me culpabilizo de mi mala suerte mientras espero el próximo transporte.

Entonces, un día, se me ocurrió hacer tres columnas en una libreta y apuntar las veces que el transporte se marchaba en mis narices, las veces que simplemente tenía que esperar y las veces que la sincronicidad con el transporte era perfecta para mí.

Al cabo de una semana la lista me dio la siguiente información:

La mayor parte de los viajes me toca esperar. Malo.

Una buena parte de las veces no llego a coger el transporte, algunas de las cuales las considero crueles porque la gente que sube por la escalera me impide llegar a tiempo, o porque el tráfico me impide cruzar la calle para coger el autobús, o porque el conductor no me abre la puerta aunque esté parado en el semáforo dos metros por delante de la parada.

La menor parte de las veces el transporte y yo llegamos al mismo tiempo, es fantástico y me siento privilegiada. Hasta el momento de hacer este experimento, no había tomado conciencia de estas escasas ocasiones, pocas pero existen. Existen como los días lluviosos más escasos que los soleados pero necesarios.

Tomé conciencia de que, en condiciones normales, el tiempo de espera es bastante reducido, aunque para mí sea un problema. Tomé conciencia de la rapidez y comodidad del transporte público, aunque para mí sea un problema. Tomé conciencia de que esta rapidez y comodidad son grandes ventaja para mucha gente que viaja en transporte público cada día, aunque para mí sea un problema.

Valoré ventajas e inconvenientes. Es posible que si la tecnología sigue avanzando, que lo hará, y si nada impide que mi cuerpo siga reaccionando a la tecnología, llegará un momento en que no podré utilizar el transporte público aunque él seguirá teniendo una función social muy importante.

Donde antes sólo era consciente de los momentos de queja, ahora acepto que hay momentos de contradicción, momentos para esperar y momentos en que todo me saldrá bien. Confío sabiendo que la sincronicidad perfecta existe y que se repite. Ahora espero esos momentos perfectos y cuando llega uno de ellos lo reconozco, lo valoro y me alegro.

Montse Bravo

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