Una nube que pasa

Resoplar.

desear otra realidad.

Que escasean las fuerzas

para plantarle cara a los retos,

ni queremos ser protagonistas

de grandes efemérides.

Sólo

buscamos

sentirnos tranquilos.

Que nos resulte sencillo, evidente,

tomar la decisión adecuada;

dar un paso detrás de otro,

sentarnos serenamente a la sombra de un árbol

viendo una nube que pasa.

Instantes de vacío y quietud,

saborear la soledad,

brisa estival…

Rebajar los estándares de exigencia,

darnos por satisfechos

con Estar ahí, ahora,

sin ningún tipo de pretensión;

pero entregando el alma.

Conectar con la frecuencia

de una palabra pronunciada

por una voz que no es la nuestra

pero sí que lo es,

y perdernos en la página

de los cuentos de papá.

La infancia eterna

en la que realidad y fantasía,

la potencialidad de la vida

se desplegaba infinita

como en este segundo,

que justo acaba.

Pero en el proceso

nos lo hemos creído

y sentíamos

que todo era posible,

que no se nos podía convencer de nada

que no fuese

Esto.

Y somos felices,

catando lo que la vida

puede dar de sí.


Poema publicado en el blog algunsaprenentatges del autor @sammsock

Lluís Moregó
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