Desde que nacemos somos influenciados por nuestra familia, antepasados, entorno, lugar y época en que vivimos. En los primeros años percibimos y aceptamos creencias y valores externos. En la adolescencia, época de grandes cambios y toma de decisiones que miran hacia el futuro, es cuando podemos replantear los conocimientos y experiencias adquiridos.

 

Nuestra mochila vital está situada en nuestros hombros con músculos fuertes para guardar nuestro pasado. Voces e imágenes que nos apoyan o censuran permanecen ocultas en la espalda, siempre presentes y dictando nuestras acciones. Unos hombros rígidos, subidos permanentemente, bloquean la respiración al acortar el movimiento expansivo de las costillas; limitan la movilidad y flexibilidad de columna y cadera, debilitan las piernas y los pies no caminan hacia nuestros deseos.

Al psicólogo Carl Rogers (1902-1987), iniciador junto a Maslow del enfoque humanista en psicología, le debemos el concepto de Autoestima entendido como el aprecio y la valoración que cada persona percibe de sí misma.

La autoestima es una elección personal, un proceso vital que va a influir en nuestro equilibrio mental, emocional y en nuestras relaciones. De manera consciente o inconsciente, en la adolescencia determinamos los valores y creencias que van a dirigir nuestra vida adulta. Podemos elegir conscientemente si seguir cargando en nuestra mochila piedras que nos debilitan, o aligerar su peso con valores y creencias que nos nutran y nos hagan sentir bien.

Te propongo redactar tu propia declaración de Autoestima, una filosofía de vida que te apoye. Lo más importante es que sea creíble para ti. Escribe frases cortas y positivas sobre lo que quieres ver realizado en tu vida. No prestes atención a lo que no quieres, sólo piensa en lo que sí quieres. Crea una identidad que te guste de ti mismo, realza lo mejor de ti. Deja espacio a los demás para que puedan expresar su propia identidad a veces tan distinta de la tuya. Incluye aceptación y valoración por tu persona y tu vida. Incluye un sentido de pertenencia a algo más grande que tú mismo, una fuerza vital, un Dios que te ama y cuida de ti para que nunca te sientas solo.

Puede ser tan corta o larga como quieras. Puedes mejorarla a lo largo de tu vida. Confía y mantén tus afirmaciones básicas para que te apoyen en los momentos difíciles. Busca ayuda siempre que lo necesites y elige los mejores modelos y maestros. Repítelas cada día hasta que formen parte plena de tu conciencia. Los cambios positivos empiezan en la conciencia.

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Voces e Imágenes Internas para escuchar y amar nuestro maravilloso cuerpo.

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