Cuándo fue la última vez que realizó un acto de resistencia pacífica? Si la respuesta es nunca o hace tanto que ni lo recuerdo, no se preocupe, no es usted, es el mundo en que vivimos, que ni tiempo para protestar deja.
En mi caso fue en la universidad. Fue una huelga que duró varias semanas en las que tomamos la universidad pacíficamente, dormimos en las aulas, comimos en los pasillos y nos organizamos en asambleas.
Puede que mi memoria falle, pero, según recuerdo, pasadas esas semanas se convocó una reunión entre los responsables de la universidad, el gobierno y las asociaciones de estudiantes. Sin embargo, al llegar, se negó la entrada al aula magna a nuestros representantes de asambleas. No sé si fue fruto de una ira individual o de una indignación colectiva, pero alguien agujereó la puerta del aula con un extintor y por ahí entraron los representantes. Después de eso muchos abandonamos la huelga y esos representantes fueron chivos expiatorios de una protesta hasta ese momento pacífica.
Lo que sigue no es una invitación a romper puertas, entiéndame. Sigo un poco escandalizado con el agujero y ese hueco es, más bien, una oportunidad para reflexionar sobre mi actitud de entonces. Cuando decidí (decidimos) abandonar las protestas declarándonos pacifistas, en realidad no buscamos alternativas. Nuestro pacifismo se volvió ideológico, derivó en la decepción y la inacción.
Hoy puedo ver que, con el Pacifismo, como con casi todo, no basta con ser creyentes, hay que ser practicantes. Pasar a la acción. Si Rosa Parks se hubiese levantado de su asiento, o el hombre del tanque hubiese seguido su recorrido por la plaza de Tiananmen; si Rigoberta se hubiera unido a la Guerrilla o Malala hubiese abandonado la escuela, hoy la historia sería distinta.
No basta con ser creyentes, hay que ser practicantes
Por tanto, no se trata solo de declararse pacifista, sino de pasar a la acción pacífica. El cómo será cuestión del ámbito de acción de cada quien, pero actuando sobre su realidad concreta. Porque, solo cuando se lleva a la práctica, el pacifismo se convierte en un acto de resistencia. No sé, piénselo.
Este artículo ha sido publicado en el número 195 de Ciutat Nova: ¿Dónde está la paz?
Acerca del autor
Educador, poeta, filósofo, papá y empecinado cocinero. Fascinado por las posibilidades que la tecnología ofrece para transformar la educación, mejorar el mundo y conectar personas.
