Diez pensamientos desde la naturaleza

 

¿Qué sería un buen trabajo? ¿Cómo hacer del trabajo una experiencia satisfactoria, digna, plenamente humana?

 

El trabajo es un aspecto esencial en todos los territorios y épocas pero, sea por nuestra actitud o por  el sistema socioeconómico, puede convertirse en algo muy penoso y desgraciado. La propia etimología de la palabra (el tripalium era un instrumento romano de tortura) nos lo pone de manifiesto. El trabajo es vivido a menudo como un yugo pesado, un castigo asociado a la  fatiga y a la desazón: «Te ganarás el pan con  el sudor de tu frente» dice Dios al hombre en el Génesis. «Mira si será malo el trabajo que han de pagarte para que lo hagas», sentencia con ironía Facundo Cabral. Forzado, precario, tedioso, pesado, humillante… Ante este panorama, conviene que nos preguntemos si existe una alternativa: ¿Qué sería un buen trabajo? ¿Cómo hacer del trabajo una experiencia satisfactoria, digna, plenamente humana?

1.

Trabajar es más que ganarse la vida, más que un mero hecho de subsistencia o de enriquecimiento, más que un instrumento para conseguir prestigio o una jubilación holgada. El trabajo es bueno no cuando tiene por objetivo principal el beneficio económico sino cuando pone de relieve un talento y una vocación, cuando es un fin en sí mismo. Un trabajo no es mejor (ni más agradable ni más noble) porque sea más lucrativo sino cuando la ganancia es intrínseca, es decir, cuando sólo por el hecho de realizarlo uno se siente feliz o se le cumplen sus propios anhelos. Como a una madre cuando amamanta a su hijo, o como sucede al fresno que, solícito, da su sombra gratuitamente, o al hermano Sol, que trabaja iluminándonos gratuitamente y ¡de sol a sol!  Un trabajo bueno tiene más de gozosa donación que de gris y fría mercancía.

2.

Trabajar es más que producir, más que la eficiencia cuando se fabrica un producto o se ofrece un servicio. El trabajo es bueno cuando responde a una necesidad humana, lo que le otorga sentido, y cuando no genera injusticias… Relataba Viktor Frankl que, en los campos de exterminio nazis (terriblemente efectivos en su tarea), se obligaba a los reclusos a cavar hoyos para después volverlos a cubrir. Así, se destruía la razón  de ser de aquella tarea y, de paso, su falta de sentido para los presos.

En productividad, siempre gana la máquina más descerebrada, la maquila más indigna, la industria avícola ponedora más cruel, el azote… Se puede producir alimentos con conciencia y belleza y se puede producir dolor, mentira y suciedad. Un almendro puede dar kilos y kilos de almendras, pero ¡de qué nos servirán si son amargas!


Un almendro puede dar kilos y kilos de almendras, pero ¡de qué nos servirán si son amargas!


3.

“Toda la tierra, el sol y el mar son para aquellos que han sabido sentarse sobre los demás”, decían su abuelo y su padre al poeta J.A. Goytisolo. Trabajar es más que un derecho individual, algo que me beneficia a mí o a mi empresa, ya que todo negocio implica un deber hacia la sociedad, una contribución al bien común. Así, pues, trabajar no puede tener como objetivo único la propia prosperidad, la acumulación privada de capital, dejando los restos para los que no pueden valerse por sí mismos (ancianos, enfermos…); no debe significar dominar el mercado y, como en el Monopoly (de lo más educativo), arruinar a la competencia; no puede ser un acto egoísta del que se lucran cuatro espabilados a costa de los demás. Cooperemos, como lo hace cada haya con sus iguales en el hayedo.

4.

Que trabajar no signifique convertirse en fuerza de trabajo, mano de obra o recurso humano explotable, en resumen, en una pieza substituible en caso de bajo rendimiento o de disidencia; que no sea funcionar como un robot programado, ser reducido a parte de un engranaje y de unos horarios en los que poco cuentan los ideales, las emociones y las discrepancias. El trabajo auténtico no es alienante sino una expresión del propio ser, un acto creador pleno de sentimiento y reflexión. El trabajo, si es plenamente humano, nos realiza, no nos empequeñece; nos promueve, no nos degrada cosificándonos. Charles Chaplin supo mostrarlo genialmente en la película Tiempos Modernos. De forma similar, una vaca es más que la cifra que la identifica, más que unos quilos de carne  o unos litros de leche.

5.

Hay trabajos manuales, artesanales e intelectuales; los hay que requieren una mayor o menor cualificación, pero, si son libres, no hay uno que sea más digno que otro. Todos merecen ser reconocidos, valorados y remunerados justamente, con tal que no sean perjudiciales o de unos aprovechados (como lo son la usura y la especulación) o superfluos, pues al mundo le hace falta alimento para el cuerpo pero también para el alma; hacen falta herramientas pero también utopías; no solo son necesarias las soluciones sino también las preguntas; raíles y risas, casas y cuidados; sumas y restas y también melodías; se requieren líderes y peones, científicos y profetas, ingenieros y, no menos, artistas.

Todo trabajo es igualmente honorable. Porque las ballenas azules no podrían sobrevivir sin el krill, porque el pinar más ufano sería triste sin el canto del petirrojo.

6.

“El descanso pertenece al trabajo como los párpados a los ojos”, decía Tagore. A lo largo y al final del día, semanalmente, durante y al cabo de los años… es indispensable tener momentos de respiro para desentumecer los miembros, la mente, el espíritu; para abrazar y gozar de los amigos y de la familia, de la Madre Tierra, del Misterio porque , muy a menudo, lo que es urgente nos aparta de lo que es fundamental, porque siempre falta tiempo para jugar, para bailar, para agradecer, contemplar, recobrar impulso o recordar… Este es el sentido del Sabat de los judíos: el séptimo día, Dios mismo descansó mientras celebraba su Creación. No nos durmamos  en los laureles pero sepamos también detenernos, así como durante el invierno , sensatos y discretos, hacen los cerezos, nogales y viñas…


Cooperemos como lo hace cada haya con sus iguales en el hayedo


7.

El trabajo es bueno cuando se ejerce en armonía con el entorno, cuando, respetuoso, no estropea ni destruye la integridad y la belleza de la naturaleza, cuando no maltrata ni desbarata despiadadamente la existencia de otros seres vivos, cuando no cae en la desmesura prepotente que otorga la tecnología y atiza la codicia, cuando no busca únicamente satisfacer avideces irresponsables y ejecutar las obras de los faraones de turno, cuando, cuidadoso, busca soluciones y maneras sostenibles y no contaminantes que preserven el aire, el agua, y el sol de la Madre Tierra; cuando no destruye habitats, no envenena acuíferos, no explota animales y cuando se detiene a pensar en las generaciones futuras. El pino se desarrolla sin desperdiciar los recursos, amparando a  pájaros y ardillas, insectos y hongos…  Colabora con la vida.

8.

¿Y en nuestro interior? ¡Trabajo por hacer no nos falta! Nombremos los defectos o pecados (la pereza, la soberbia, la avaricia…); el caso es que tenemos un gran trabajo por delante si hacemos caso a los maestros de espiritualidad de aquí y de allá y de todos los tiempos. Estos nos recuerdan que , al tiempo que seguimos una carrera profesional, todos  estamos llamados a crecer como personas, que necesitamos perfeccionar nuestro ser a través de la práctica de la virtud si queremos llegar a realizarnos de manera plena; es decir, exitosa no sólo en nuestra profesión particular sino también humanamente. De hecho, por edad o por salud, no todos pueden trabajar  pero sí que a todos nos atañe afrontar el oficio de vivir. El observar, humildes, a  los otros seres vivos, el escuchar la maestría sabia de la Tierra nos puede guiar.


Cuando trabajas con amor, te ligas a ti mismo, a los demás y a Dios


9.

No solo laboriosamente ni tampoco solo por gusto… Con amor (con todo lo que trabajar con amor significa). He aquí la clave de bóveda, la dovela central que evita que,  a la hora de la verdad, todo se desplome, que hace que el esfuerzo valga la pena y que el resultado resplandezca sin miedo  de que nadie se lesione (lo que para los budistas es la piedra de toque de la ocupación recta); porque “cuando trabajas con amor, te ligas a ti mismo, a los  demás y a Dios”. Son las preciosas palabras de “El profeta” (que el próximo año cumplirá cien años) del poeta Khalil Gibran. “El trabajo es amor hecho visible. Y, si no puedes trabajar con amor sino solamente con desgana, es mejor que dejes tu trabajo y te sientes a la puerta del templo a pedir limosna a los que trabajan con alegría”.

10.

Con un amor entusiasta, sí,  pero al mismo tiempo misericordioso. El mismo amor que sitúa el trabajo de cuidar (es decir,  al sustento de la vida y la felicidad colectiva, y no al crecimiento económico y  lucro personal) en el centro de la existencia y de la sociedad; que amplía su noción (cuidado universal en todas las edades…); que le destina más espacios colectivos y dignifica su ejercicio (mediante la profesionalización, la remuneración…); y que transforma de raíz la misma organización del mundo del trabajo (con cooperativas, producción local, nacionalizaciones). Según el activista indio Vandana Shiva, solo una vida que crece desde el cuidado puede garantizar la paz entre los hombres y mujeres, naciones, generaciones y, cómo no, también la paz con la naturaleza.


Este artículo ha sido publicado en el número 188 de la revista: ¡Qué trabajos!

 

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