Un nuevo proyecto, una nueva sección, una nueva colaboración

Esta nueva propuesta, que nace, crece y se concreta alrededor de una mesa, quiere ser un espacio amable de diálogo, creando un ambiente informal y distendido.

Me parece que la sobremesa del 9 de marzo fue el último encuentro fuera de casa antes del confinamiento, para la mayoría de los 6 “conversadores”. 6 personas alrededor de una mesa llena de notas, móviles, aguas, tés y cafés. Todo normal, pero a su vez, una imagen que nos resulta ya lejana en un momento dónde todos los diálogos pasan por una pantalla. Sin embargo, en el formato que sea, esta sobremesa fue la primera de toda una serie que parece que no se detiene.

Un día, mientras Ciutat Nova esperaba una oportunidad que le permitiera seguir avanzando como herramienta de diálogo, tomando un café en una terraza de una pequeña ciudad –tenía que ser así–, algunos del equipo soñaron un poco. ¿Y si le diéramos la vuelta? ¿Y si, En lugar de hacer mesas redondas y actos para sacar más partido a los temas que aparecen en cada revista, hacemos antes el diálogo? La revista no sería tanto un punto de inicio del diálogo, sino un paso en un diálogo que ya se ha empezado a construir. Y cuando llegasen a las casas de los lectores, las páginas de papel ya mostrarían una pluralidad y un diálogo iniciados. ¿Y si, puestos a soñar, no lo hacemos sólo entre lectores de Ciutat Nova?

–De acuerdo, soñemos.

Unas semanas más tarde, alrededor de una mesa redonda, un par de pantallas y dos vasos de agua –también tenía que ser así– seguimos soñando.

–Lo tengo –dijo Mireia–, en la UPF, hay una asociación de estudiantes que se llama debat.org que hacen actos en esta línea.

–¿Deba-t? ¿Esos que ponen un guión entre la a y la t? Alguno de sus fundadores –ya hace tiempo de esto– colaboró con nosotros. Recuerdo que resaltamos su pluralidad auténtica, una transversalidad real.

–Pues… ¿Se lo proponemos? Yo conozco a su actual presidenta, Ariadna.

Y así fue. Gracias a ella conocimos a Mar y a Pedro. Después, a Ferran, Andreu, Olympia, Ada y Pau. Fuimos hablando de un espacio de diálogo con personas de distintos orígenes, sensibilidades, posicionamientos… Y, al final, fueron seis. Tres amigos o colaboradores de Ciutat Nova –Yukiko, Fortunat y Amparo– y tres miembros de Deba-t –Ada, Pau y Olympia–. De edades y orígenes bien diferenciados: Barcelona, Sant Feliu de Llobregat, Asturias, Valencia, Madagascar y Japón.

La primera reunión fue todo un ejercicio de gestación. Parecía que todos teníamos claro lo que queríamos hacer, pero nos faltaba el dónde. “Los de deba-t solemos ir a Espai Societat Oberta”, dijo Ferran. Sólo con ver su descripción en la web, lo tuvimos claro: “un espacio donde poner en común miradas sobre derechos humanos, democracia, libertad de expresión, migraciones y no discriminaciones”. Pero ahora que teníamos el dónde, nos faltaba un nombre.

–¿Cómo bautizamos un proyecto que no es ni una mesa redonda, ni una tertulia ni tampoco un debate?

La luz vino de Madagascar, cuando Fortunat nos explicó el choque cultural que fue para él descubrir que aquí, después de una comida, la gente no se levanta de la mesa y sigue hablando.

–¡Ya lo tenemos! ¡Una sobremesa! Ambiente distendido, opiniones formadas, pero no expertas, sin conclusiones y ¡con la posibilidad de acabar enriquecido por eso de “lo que ha dicho el otro ”!

–¿Y si le añadimos una palabra que muestre una acción, un proyecto que está vivo, en movimiento?

¡De sobremesa!

Puedes consultar la crónica de la primera sesión aquí.

Josep Bofill
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