Segunda entrega sobre el diálogo, que da continuidad a la publicada el 9 de junio pasado: ¿Sabemos dialogar?

En la primera entrega el autor presentaba las distintas modalidades de «conversación» para poder llegar a una definición de diálogo según varias corrientes de pensamiento. A diferencia del debate y de la discusión, el diálogo pone el acento en la relación entre los participantes, que tanto incide en la forma de explorar y exponer un tema. En esta entrega sigue  profundizando en las características del diálogo.


Podemos hablar también de diálogo cuando la conversación se orienta con mayor consciencia a compartir ideas procurando evitar la confrontación, a fin de dejar más libre la creatividad y llegar a un mejor resultado intelectual. En la segunda mitad del siglo XX surgió un movimiento integrado por científicos, políticos y dirigentes de empresa que querían apoyar una cultura del diálogo fructífero. El físico David Bohm escribe: «La finalidad de un diálogo no es analizar las cosas ni ganar una discusión ni intercambiar opiniones. Más bien es mantener en suspenso nuestras opiniones para tener en cuenta las opiniones de todos, para escucharlos y luego dejarlos en suspenso, con el fin de ver qué sale de todo esto […] A nosotros nos corresponde simplemente compartir el aprecio de los significados y de todo este proceso saldrá la verdad sin previo aviso, y no como opción nuestra. Todo puede moverse entre nosotros. Cualquier persona puede participar en el proceso del sentido dentro del grupo. Esto puede definirse como verdadero diálogo. El diálogo es el modo colectivo de abrirse a la valoración, al discernimiento, a la hipótesis»1.

Salto cualitativo

El pedagogo Paulo Freire, en su Pedagogía del oprimido, afirma: «El diálogo es ese encuentro de los hombres, mediatizado por el mundo, para pronunciarlo no agotándose. Esta es la razón que hace imposible el diálogo entre aquellos que quieren pronunciar el mundo y los que no quieren hacerlo, entre los que niegan a los demás la pronunciación del mundo y los que no la quieren, entre los que niegan a los demás decir una palabra y aquellos a quienes se ha negado este derecho»2.

Algunos autores sostienen que para resolver ciertos conflictos entre posiciones aparentemente irreconciliables, en este mundo postmoderno en el que ya no quedan verdades fundamentales universalmente compartidas, se requiere un salto cualitativo en la comunicación, con nuevas formas y discursos «trascendentales».

Significados del término

Resumiendo, podríamos decir que el diálogo, en cuanto comunicación y práctica social, se contrapone al monólogo y significa, en general, conversación entre dos o más sujetos. En un sentido más restringido de la palabra, diálogo indica una discusión, un debate, una confrontación verbal entre personas de posiciones contrapuestas con el fin de convencer una a la otra de sus propias razones. En cambio para otros el diálogo expresa más un compartir, una colaboración para resolver juntos un problema. Ya sea el modelo competitivo de diálogo, ya sea el colaborativo asumen distintas formas en la comunicación entre personas, grupos e instituciones. Podemos distinguir, pues, tres significados del término «diálogo»:

  • toda comunicación colaborativa y competitiva que parte de las diferencias para llegar a un consenso;
  • toda comunicación colaborativa que parte de las diferencias para llegar a un consenso;
  • toda forma de compartir que trata de llegar a una mayor comprensión y colaboración.

Terminología eclesial

Mientras que en la literatura laica el término «diálogo» anuncia para cualquier tipo de comunicación colaborativa y constructiva, en el ámbito eclesial en cambio se usa y profundiza el concepto de comunión, que expresa un estar unidos gracias a compartir los dones, pero es también un nomen actionis que designa el acto de poner en común, comunicar. La comunión es un concepto clave en el Vaticano II, que luego retoman y profundizan en sus enseñanza los pontífices postconciliares, sobre todo Juan Pablo II.

En cambio, el concepto de sinodalidad expresa «la naturaleza esencial de communio que especifica el evento eclesial, en cuanto que todos los cristianos son a pleno título y plena responsabilidad miembros del pueblo de Dios, y en cuanto tales están llamados a vivir su carisma específico y a ejercer su ministerio específico en una relación de reciprocidad y sinergia con los carismas y los ministerios de los demás»3.

Los cuatro diálogos de la Iglesia, por tanto, han de contribuir a la búsqueda conjunta de la verdad con toda la familia humana, promoviendo un mayor conocimiento y aprecio recíproco entre las Iglesias, entre las religiones y entre todos los hombres de buena voluntad.


1) D. Bohm, On Dialogue, Routledge, London 1996, p. 16.

2) P. Freire, Pedagogy of the Oppressed, Seabury Press, New York 1972, p. 18.

3) P. Coda, Coscienza sinodale del popolo di Dio. Rinnovamento a cinquant’anni dal Vaticano II, in «Il Regno – attualità» 12/2014, p. 429.


Artículo de Pál Tóth, publicado en la revista Ciudad Nueva (Abril 2018)

Acerca del autor

Ciutat Nova: Revista trimestral donde descubrimos y compartimos historias y proyectos inspiradores y cercanos para fortalecer #vínculos positivos. #diálogo

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