«Necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos».

«Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; (…) que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros».

Estoy totalmente de acuerdo con estas afirmaciones del papa Francisco. Pertenecen a los primeros párrafos de su mensaje con motivo de la 52ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. En un mundo cada vez más digital y en red, este año el papa Francisco parece que reflexiona con papel y pluma para centrar la atención de los comunicadores en la narración, en el relato, que se dice ahora, porque la vida se hace historia, así dice el papa Bergoglio.

Un ejemplo de estos hilos entrelazados que tejen nuestras vidas.

Es lunes, el último lunes del mes de enero. De cifra, 24, festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas. Este obispo, que vivió a caballo entre los siglos XVI y XVII, fue un escritor que se distinguió por comunicar su verdad con elegancia y sin herir a nadie; lo hacía con tanta delicadeza que nadie se sentía molesto. No buscaba la polémica, sino la transmisión de los conocimientos del Evangelio cristiano.

Cada año, el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se hace público en esa fecha y en cuanto sale a la luz empiezo a leerlo: enseguida me encanta, como ya os he expresado.

Por la tarde, me llega a las manos un libro: Chema Postigo. El hombre que hizo volar su corazón. La ilustración de la portada es simpática, me hace recordar las mil y una noches… Miro la contraportada y veo que se trata de la vida de una persona, «extraordinariamente ordinaria», o, en palabras de su sobrino, «el más grande de todas las galaxias». Enseguida, en mi cabeza, se establece la conexión, entre el mensaje del Papa y el libro que tengo en las manos: «una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos», dice también Francisco.

Por la noche, ya en la cama, empiezo la lectura y me conquistan las primeras páginas. De eso se trata, en una buena narración: de crear expectativa, de ir dosificando la emoción para que vaya cogiendo la atención del lector, de avanzar alguna cosillaa y volver atrás en el hilo conductor… De hecho, empezamos por el funeral del protagonista, Chema Postigo, hace cuatro días, como quien dice, o casi tres años, al pie de la letra: 3.500 personas llenan la iglesia de Santa María del Mar el 8 de marzo de 2017 para darle el último adiós a este padre de familia con dieciocho hijos. Después, conocemos su familia de origen y su infancia, juventud, estudios y trabajo, su matrimonio… Con un espíritu muy generoso, siempre vivió pensando más en los demás que en sí mismo y en los propios sufrimientos, y por ello, hizo volar su corazón.

Son sólo unas pinceladas de lo que he ido encontrando, página tras página, en este libro que se ha quedado en la mesita de noche por un tiempo.

«Para que puedas contar y grabar en la memoria». Este versículo del Éxodo es el que ha elegido el papa Francisco para dar título a su mensaje. Y parece también que explique la motivación de Jaume Figa Vaello al escribir la biografía de Chema Postigo: para recordar y contar una vida que se mueve entre la ejemplaridad y la normalidad. ¡Enhorabuena por el resultado!

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Ciutat Nova es una parte de mí. Soy licenciada en Filología Hispánica y con formación en periodismo: un tándem ideal para una amante de las lenguas, las palabras y la comunicación. Media vida en Valencia, donde he nacido, y media vida en Cataluña: otro buen tándem…

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