¡No a la violencia, sí a la paz! Esta fue mi primera reacción al enterarme de la tragedia del jueves 17 de agosto en las Ramblas de Barcelona. Así lo tuiteé. Y después, un pensamiento hacia las personas afectadas:  una oración por las víctimas y sus familias.

Lo he vivido todo fuera de Barcelona, mi residencia habitual, por lo tanto, con una distancia física. A pesar de ello, la abundancia de información por todos los medios posibles ha hecho que siguiéramos el hilo de los acontecimientos minuto por minuto. No obstante, el filtro de la pantalla me ha influido en la asimilación de la noticia: lo he hecho con el corazón y con la cabeza, a partes iguales, diría… Ha sido un golpe emocional, pero también una sacudida que empuja a la reflexión.

No sólo no tengo miedo, sino que tengo esperanza. Esta viene a ser mi conclusión. Puede parecer naif, ingenua, pueril… Quizá sí, pero quiero agarrarme, aunque sea como un clavo ardiente, a la esperanza de que el terrorismo y toda forma de violencia y de mal puede ser vencido.

No es una quimera, hay indicios que hablan de la bondad de las personas: las donaciones de sangre hasta colapsar los servicios; los taxistas trabajando gratis para la gente afectada; 100.000 personas en silencio en la Plaza de Catalunya que estallan después en gritos de “no tengo miedo”; musulmanes que van a la fuente de Canaletes para rendir homenaje a las víctimas…

Y un motivo más de esperanza, para mí y para muchos, es que Jesús, el Hombre-Dios, pidió a su Padre que fuésemos una familia y dio su vida por ello, pagando en primera persona por todos los males cometidos.

Ahora bien, “a Dios rogando y con el mazo dando”, por supuesto. Habrá que incidir en las causas que provocan tanto mal, tanta frustración y desesperación como para actuar con tanta violencia. Y, digámoslo una vez más, son motivaciones que no tienen que ver con la religión. Por otra parte, en nuestras manos está la posibilidad de multiplicar gestos de paz y de amor que impidan cultivar el odio y la venganza en nuestros corazones y que permitan nuevos milagros de fraternidad. Y este nivel de intervención está en mis manos, en las tuyas.

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Ciutat Nova es una parte de mí. Soy licenciada en Filología Hispánica y con formación en periodismo: un tándem ideal para una amante de las lenguas, las palabras y la comunicación. Media vida en Valencia, donde he nacido, y media vida en Cataluña: otro buen tándem…

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