En la sociedad occidental, tenemos cada vez más conciencia de la situación de desventaja social de las mujeres y otros grupos sociales no privilegiados, en todos los ámbitos de la vida. Queremos destacar especialmente esas voces ecofeministas que han puesto su mirada en la espiritualidad: Charlene Spretnak, Sallie McFague, Ivone Gebara, y muchas otras líderes teóricas y activistas que han dado visibilidad a cómo, esta sumisión de las mujeres está profundamente vinculada a la explotación de la naturaleza.
Plantar sobre la tierra los pies.
Ya no tener miedo.
Sentir como sube la savia, arriba, arriba.
Crecer como un árbol.
A su sombra
cobijar a alguien que también se sienta solo, sola
como tú, como yo.
Montserrat Abelló. “El blat del temps”
Ante esta realidad, ¿hacia qué prácticas dirigimos nuestras miradas como mujeres occidentales? Muchas de nosotras nos sentimos desconectadas de la naturaleza y aisladas de la cadena del saber femenino transmitido de generación a en generación, pero afortunadamente, no es así en todos los continentes. Muchas de nuestras hermanas de otros lugares de la Tierra mantienen vivas sus raíces tradicionales y sus vínculos ancestrales; por eso, proponemos una breve recolección de voces inspiradoras, desde la India hasta América Latina, que nos conectan con varios aspectos de esta energía femenina, a menudo subestimada y desvalorizada en nuestra cultura.
En todas las personas habita la energía femenina y masculina, siendo arquetipos universales complementarios que forman parte de una misma totalidad. En una sociedad, donde el principio masculino desequilibrado y dominante fragmentó y jerarquizó la relación sagrada con la naturaleza, la recuperación del principio femenino, sin que anule ni domine los valores masculinos, sino colaborando conjuntamente, promete un desarrollo personal y social más armonioso, más integrador y más consciente de los vínculos que nos unen.
LA SEMILLA
La fuente donde la Vida emerge por si misma
Un elemento común que une comunidades, mujeres y naturaleza a través de los continentes son los bancos de semillas autóctonas que, además de proteger este patrimonio biocultural, ayudan a preservar un conocimiento ancestral ligado a la cultura y a la espiritualidad. En las semillas nos inspiramos para preservar, cuidar, nutrir nuestro conocimiento y estima de la Madre Tierra.
En India, encontramos el Navdanya, un movimiento impulsado por Vandana Shiva, que, además de conservar el banco de semillas, hace pedagogía y activismo entorno al cambio climático, los valores del suelo y los alimentos saludables, el ecofeminismo y la defensa de los derechos de la Madre Tierra.
En Nuevo Méjico, destaca el Seed Temple, donde se preservan semillas para las generaciones futuras, con la misión de elevar la conciencia espiritual respecto a la interconexión entre la humanidad y la Madre Tierra. Está impulsado por la Abuela Flordemayo, miembro del Consejo internacional de las trece Abuelas indígenas, mujeres procedentes de los cuatro puntos cardinales de la Tierra, en alianza de oración, educación y sanación en pro de nuestra Madre Tierra, de todos sus habitantes, todos los niños y de las siguientes siete generaciones.
El templo de las semillas llegó a través de una visión, en la cual, la Madre Amada, me mostró una foto de mí misma, sentada en un balancín, haciendo manojitos de plegarias y poniéndoles semillas”.
EL CUIDADO
Uno de los aspectos comunes de las corrientes ecofeministas es el énfasis en el cuidado: es lo que sustenta la vida y, por lo tanto, merece un lugar central en todas las sociedades. Y no nos referimos únicamente al cuidado de las personas en todos sus aspectos (físicos, emocionales, mentales, sociales y espirituales) sino también al cuidado de la Naturaleza que nos rodea, siendo, como es, nuestra casa; pero para que este cuidado de la Tierra eche raíces, se ha de cultivar un profundo vínculo con ella:
«Nuestro pequeño planeta azul (…) ha nutrido y protegido a la humanidad, abasteciéndola de todo lo que necesitamos, durante millones de años. Nuestras aguas son su sangre; la selva tropical, que es nuestra farmacia, son sus pulmones. Las piedras de las que nos servimos para construir son sus huesos. Y, no obstante, la mayor parte de la humanidad nunca piensa en bendecirlo, agradecer, ni mucho menos, pagarle con la misma moneda. (…)
El cambio, dicen las abuelas, no lo crearon ni las leyes ni el desarrollo tecnológico. Lo que necesitamos desarrollar es un sentido más profundo, más personal, de conexión con la Tierra y nuestro lugar en ella.”
[Shaefer, Carol (2006): La voz de las trece abuelas. Ancianas indígenas aconsejan al mundo.]
LA NUTRICIÓN
Estas palabras del Consejo de las Abuelas encuentran una resonancia perfecta en el Manifiesto “Mahila Anna Swaraj – Mujeres diversas por la diversidad”, del movimiento Navdanya, que crea alternativas para proteger y regenerar la diversidad de las semillas y la alimentación, y que anima a la integración del elemento femenino en todos los aspectos de nuestra vida, a despertar el sentido de responsabilidad hacia la Madre Tierra, a darnos cuenta del abuso que hemos cometido y a repararlo con el cuidado y la nutrición: no somos los gobernantes de la Tierra sino sus veladores y, en última instancia, sus cocreadores.
“Las mujeres alimentamos el mundo por medio del cuidado de la tierra.
Regeneramos la vida en la Tierra.
Cocreamos con la naturaleza mediante economías del cuidado e intercambio.
Sanamos el mundo. Alimentamos el mundo.
Cocreamos con la Madre Tierra para producir alimento y salud para todos los seres.
Somos hijas de la Tierra, cuidadoras de su suelo y de su biodiversidad, sanadoras que reparamos ciclos rotos y comunidades quebradas. Hemos cultivado desde hace milenios el mismo trozo de la Tierra, sabiendo que ella es nuestra Madre.
Lideraremos la alimentación y la agricultura del siglo XXI para regenerar y curar la Tierra, su biodiversidad, su suelo, sus aguas, sus ecosistemas, para que ningún niño pase hambre, ningún ser sensible se haga daño y ningún agricultor sea arrancado de la tierra a causa de una deuda.
Shakti es poder, energía, habilidad, fuerza, esfuerzo, capacidad.
Shakti es la energía primordial y dinámica surgida de la tensión entre fuerzas opuestas al universo: creación y destrucción, cohesión y desintegración.
Es una energía femenina personificada, a veces, como “La Gran Madre Divina”.
Shakti lo impregna todo y está en todo.
Es el poder de crear y mantener la vida, así como para destruir.
Somos el poder de Shakti. Somos poder en forma creativa, no violenta.
Tenemos el poder de nuestra diversidad, nuestro amor, nuestra amistad,
nuestra solidaridad con la Tierra y con cada una de nosotras.
Estamos sembrando las semillas de la vida, las semillas de la libertad.
Este artículo ha sido publicado en el número 186 de Ciutat Nova: Voces (aún) invisibles
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Promovemos los valores inmateriales de la naturaleza.
