El cuerpo reacciona ante cada nuevo reto buscando la mejor solución posible en el momento presente, sin considerar las consecuencias futuras, y en atención a dos criterios económicos básicos: evitarnos el dolor y utilizar el menor gasto posible de recursos.
Un cuerpo fuerte es flexible. Un cuerpo rígido es tenso. El cuerpo no duele porque está débil, duele por exceso de tensión muscular acumulada en el día a día.
Cualquier acción implica el uso de músculos. Los más solicitados se desarrollan más y son más fuertes, tanto que pueden llegar a estar permanentemente contraídos y a no relajarse nunca. Los músculos contraídos gastan menos recursos; a cambio pierden parte de su flexibilidad, se vuelven rígidos y a la larga, si la tensión de origen físico o emocional no cede, el cuerpo en su totalidad inicia un largo proceso de adaptaciones y compensaciones que pueden acabar en lesión muscular, contractura articular, rotura de huesos, alteraciones fisiológicas y en último recurso a postrarnos en la cama. El buen propósito inicial del cuerpo de defendernos con músculos fuertes para evitarnos el sufrimiento, a la larga puede resultar una mala inversión.
RESPIRA. Hay una línea muy fina entre el bien y el mal muchas veces imperceptible para nuestra conciencia. Lo que en un principio nos puede parecer una buena idea, con el tiempo puede devenir en la peor decisión de nuestra vida, justo cuando ya no podemos hacer nada para remediarlo.
CIERRA LOS OJOS Y RESPIRA. Durante un rato intenta ser consciente de tus limitaciones, del momento vital que estás viviendo, de las veces que tu cuerpo no ha respondido como tú querías y de los problemas que esa limitación te ha ocasionado… Respira. Cuando las limitaciones físicas o emocionales se acumulan sentimos malestar, vulnerabilidad, miedo, impotencia; el sufrimiento acumulado crea tensión y rabia que si no son canalizadas se esconden en el interior de nuestros músculos que se tensan más y más para retenerlas, nos duelen y finalmente nos paralizan.
No podemos evitar el uso y el desgaste del cuerpo; no podemos evitar los accidentes, pero sí podemos aprender a hacer un mejor uso de nuestro cuerpo y de sus mensajes; a buscar nuevas maneras más satisfactorias de comunicarnos que nos apoyen, nos den fuerza y que desarrollen la flexibilidad.
Si puedes ser consciente de tus limitaciones, podrás entender y aceptar las de los demás. Y esta actitud será como un bálsamo que te beneficiará a ti.
Este artículo se publicó en la revista número 180 – ¡Uy! La economía – Amazon
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Voces e Imágenes Internas para escuchar y amar nuestro maravilloso cuerpo.
