El desarrollo a la madurez es el camino que recorremos para sentirnos a gusto con nosotros mismos y con nuestras circunstancias individuales, al tiempo que encontramos nuestro sitio en una sociedad en constante cambio, en un mundo cada vez más conectado.

La vida es siempre más fácil en compañía si logramos desarrollar valores de cooperación y de apoyo mutuo; valores que nos fortalecen al tiempo que nos obligan a dejar de mirarnos el ombligo para mirarnos los unos a los otros a los ojos, dejar que hablen las miradas, conocernos, comunicarnos, complementarnos.

Consciente o inconscientemente, con acierto o mal interpretados,  aprendemos a responder a los mensajes del lenguaje corporal que observamos delante de nosotros.

Realiza la siguiente experiencia en grupo

Cierra los ojos, camina despacio por la sala y elije un sitio donde permanecer de pie o sentarte cómodamente sin abrir los ojos.

Presta atención a tu propia respiración mientras la mente se relaja y los pensamientos pasan sin prestarles atención. Entra dentro de tu mundo interior, en ese espacio donde todo está tranquilo y sereno, donde se encuentra tu Paz Interior… Presta atención a tu respiración silenciosa y tranquila.  Aquí y ahora lo único que importa es sentir tu respiración… Observa tu boca… Tu boca y tu respiración son la puerta consciente a tus emociones. Relaja tus labios si están tensos o cerrados y siente como se afloja la tensión en todo tu cuerpo.

Entra en el espacio de Amor dentro de tu corazón y siente que estás en casa. Toma consciencia de la inmensidad de este espacio, de cómo se expande más allá de los límites de tu cuerpo físico, de cómo te conecta con el resto de personas de la sala, siente el deseo común de compartir este espacio de Paz Interior y cuando te apetezca abre los ojos para conectar con el mundo exterior y compartir tu bienestar.

Es posible que este primer contacto modifique el ritmo de tu respiración. Los cambios en nuestra respiración siempre son un aviso. ¿Qué es lo primero que atrae tu atención: una persona, el contraste de luz, un objeto…? ¿Has encontrado a alguien delante de ti? Tal vez no había nadie… ¿Cómo te has sentido? Y a continuación, ¿cómo has reaccionado: has mantenido la mirada y expresado amor, has evitado el contacto visual, has cambiado de persona? Recuerda que el objetivo al abrir los ojos era compartir tu sensación de bienestar interior. ¿Lo has conseguido o la información visual te ha hecho cambiar tu propósito inicial?

Artículo publicado en la revista 175 – Sostenernos.

Montse Bravo
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