Solo hay que salir a la calle, hoy día de Sant Jordi, para comprobar que es una auténtica Diada: libros y rosas que emocionan y unen a la gente.

Recuerdo celebrar la Diada de Sant Jordi desde muy pequeña. Cada año, mi padre nos regalaba una rosa a todas las mujeres de la familia. La de mi madre era siempre la más bonita. También compraba un pastelito con forma de corazón y un Cupido con arco y flecha. Ese día había libros para todos: tebeos y cuentos para los pequeños, novela o poesía, de lectura rápida o interminables, de estudio o de consulta, para pasar un rato divertido o simplemente porque estaba de moda.

Creo que el hábito de la lectura se adquiere por imitación. Mi abuelo era un gran lector. Siempre nos contaba historias que se inventaba inspiradas en los cuentos clásicos y cuyos protagonistas-héroes éramos sus nietos: Yo era la “princesa encantadora, valiente e inteligente”. Mi abuela también contaba historias, pero las suyas las había vivido ella misma o se las habían contado. Y tal vez por imitar a mis abuelos, por leer o por oír contar tantas historias de pequeña, a mí me encanta leer y escribir. Cada año sigo la tradición y no recuerdo un Sant Jordi sin libro.

Sant Jordi también representa una victoria, el triunfo del bien sobre el mal y el triunfo del amor, porque no olvidemos que Sant Jordi mató al dragón para liberar a la princesa.

Dados los tiempos que corren, tal vez, muchas princesas de hoy en día ya no quieran ser rescatadas por un príncipe, pero lo cierto es que todas “las princesas” necesitamos ser rescatadas con la fuerza y el poder curativo del Amor en algún momento difícil de nuestra vida.

Como en los cuentos de hadas, expresar el héroe/la heroína que todos llevamos dentro es el camino que hemos de recorrer para enfrentarnos a nuestros dragones personales.

En este viaje, he disfrutado los talleres de Martine Faidau, psicóloga francesa y alumna de los psicólogos Edouard Brasey y Jean-Pascal Debailleul, autores del libro “Vivir la magia de los cuentos” que dieron un nuevo sentido psicológico y espiritual a los cuentos recopilados por Charles Perrault y los hermanos Grimm.

Estos autores miran la vida como un viaje iniciático en cuyo recorrido hemos de conectar con tres personajes básicos de los cuentos de hadas: “Con el Rey aprendemos a pedirlo todo. Con el Héroe aprendemos a experimentarlo todo. Con el Hada aprendemos a realizarlo todo”. Cada personaje tiene pues relación con un “TODO” más grande que nos anima a seguir adelante, a ir más allá de lo posible. Nosotros somos todos los personajes de los cuentos de hadas, sin excepción. Sus características forman parte de nosotros mismos, sin excepción. Los Ogros, Gigantes, Dragones o Brujas que nos vamos encontrando por el camino, representan nuestros condicionamientos mentales o emocionales, los grandes obstáculos que nos atemorizan, nos aíslan, nos paralizan, nos quitan la libertad y la alegría de vivir.

La solución aparece como elemento mágico cuando el héroe se esfuerza en adquirir una nueva visión o en aprender un nuevo conocimiento que cambie el sentido de su existencia. La intuición que nos ofrece el Hada es este elemento mágico con el que vamos descubriendo aspectos de cada uno de los personajes dentro de nosotros mismos, con el objetivo final de expresar nuestra conexión con el TODO.

Contemplo mi vida como el guión de un cuento de hadas, como el viaje de una heroína a través de encuentros y desencuentros inesperados, de retos, de traiciones a veces absurdas y desconcertantes, con tragedias incomprensibles y dolorosas, con malos malísimos y con un Hada buena que me echa una mano en los momentos más difíciles.

Agradezco a Martine su contribución a mi búsqueda de respuestas espirituales a problemas materiales a través de la práctica de la meditación.

Agradezco a Louise L. Hay, terapeuta estadounidense, escritora, toda ella amor y pionera de los libros de autoayuda, como “Usted puede sanar su vida” o “El poder está dentro de ti”, que me enseñó que lo primero y lo más importante era amarme a mí misma.

Agradezco a Clarissa Pinkola Estés autora del libro “Mujeres que corren con los lobos”, y su interpretación junguiana de cuentos de tradición latinoamericana que me mostró que algunas veces el destino fatal no se puede evitar. Entonces lo importante para la superación de los momentos difíciles es buscar ayuda, la pertenencia al club de la cicatriz, juntarse y lamerse las heridas en grupo, todos ellos pasos previos para iniciar un proceso de transformación y sanación.

Por último, mi agradecimiento a todos los escritores que han llenado mi cabeza y las estanterías de mis librerías, empezando por Don Miguel de Cervantes, inspirador de esta Diada, y de su inolvidable hidalgo “Don Quijote de la Mancha”, admirable desfacedor de entuertos que en su locura sólo buscaba impartir justicia y ayudar a las buenas gentes que estaban en peligro, y todo sin importarle el pago recibido a cambio.

Feliz Diada de Sant Jordi.

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