Matrimonios Forzados: Una violencia escondida que Valentes i Acompanyades trabaja para erradicar


Los matrimonios forzados, invisibles a primera vista en nuestro país están, en cambio, muy presentes. Hemos hablado con la asociación que es un referente del trabajo que se lleva cabo para su abolición. ¡Y lo bien que trabajan!

 

Aya, Carme, Amèlia, Jama y Maika (estos dos últimos nombres no son reales) son más una familia que un equipo de trabajo. Han compartido tanta vida, que el vínculo entre ellas es muy sólido. Aya, Jama y Maika son tres chicas Referentes de la asociación, Carme es cofundadora y Amelia la presidenta.

Desde su fundación, en el año 2014,  Valentes i Acompanyades es el referente en Cataluña en la prevención, detección, acompañamiento y, si es necesario, intervención en los casos de matrimonios forzados, una violencia que, además, abre camino a otras violencias y marginaciones.

El nombre no podía ser más acertado –¿ni quizás más femenino?– La valentía es imprescindible para afrontar cada una de las situaciones y el acompañamiento es necesario en un tema que a nuestra sociedad le cuesta ver. Hay el temor de que la lucha contra este tipo de violencia comunitaria se entienda como una descalificación global de alguna cultura, pero, poco a poco, se va reconociendo su importancia –como puede verse en el recuadro de la página siguiente–.

Debe evitarse tanto el paternalismo como el racismo, lo que Carme explica así: “Si en una comunidad hay prácticas nocivas, se han de cambiar, porque estamos hablando de derechos humanos.” Y, a menudo, afectan a menores.

Para estas familias, la práctica del matrimonio forzado va ligada con la identidad. Hay una sólida jerarquía y, si uno se la salta, se entiende que está faltando al respeto debido a las personas mayores (al abuelo). La mujer no tiene voz aquí, no puede opinar, pero el honor de la familia depende de su virginidad, y si la chica la pierde, la culpa puede recaer sobre la madre por no haberla educado bien.

Valentes i Acompanyades facilita herramientas para evitar o romper estos matrimonios forzados, pero, al mismo tiempo, y dado que no suele ser un problema de mala fe de las familias –no es que las madres no quieran a sus hijas–, la asociación ayuda a rehacer la relación cuando esto es posible. Impresiona ver a hijas educando a sus madres, hasta tal punto que, a menudo, a las hermanas menores ya no se les obliga a casarse. Son una semilla como mujeres y madres.

Elemento esencial del proyecto son las Referentes, chicas jóvenes, como los tres testimonios que acompañan este texto, que, por su experiencia vital, pueden hablar en primera persona sobre qué quiere decir que sus padres les hayan concertado un matrimonio. Son voluntarias que se han ofrecido para orientar a chicas que se encuentren en tal situación y han conseguido establecer una red que, de hecho, es la riqueza del proyecto; es una labor muy delicada, que requiere establecer nexos de confianza, ya que no es fácil que una chica –o una niña– te llegue a explicar una de esas situaciones.

Según Amèlia y Carme estamos ante un reto como país porque, con el matrimonio forzado, además de las consecuencias personales, la sociedad se desarrolla menos al tener mujeres encerradas en sus casas que no pueden aportar su talento a la sociedad. Por lo tanto, el matrimonio forzado es causa y efecto de atraso social.

Con más Valentes i acompanyades tendríamos en nuestras manos un elemento de empoderamiento muy útil.


Jama

A los 13 años, ya me querían casar con un primo, pero eso se pudo parar. Mis tíos y mis padres solían decirme que, si yo salía con un blanco, me llevarían a África, me romperían mis papeles y que ya no podría volver nunca más.

A los 15, me dieron un mes de tiempo para encontrar marido. Si no lo conseguía, me casarían con aquel primo. Al cabo de tres semanas, vino gente desconocida a mi casa: era el primer contacto de las familias. El chico me llamaba, pero yo le colgaba el teléfono.

Un día, estaba jugando a guerras de agua en la plaza del pueblo con mis amigas de clase, cuando llegó mi hermano corriendo a decirme que fuera a casa porque papá y mamá me estaban buscando. Cuando entré en casa, vi que había una fiesta ¡la de mi boda! Allí comenzó mi infierno.

Yo pensaba “son ellos los que se han casado” y seguí estudiando hasta los 18 años; entonces, aquel chico, mi primo, me reclamó y fui a la ciudad con mi marido. Él me decía que yo era muy joven y que ya cambiaría, lo mismo que me decían mis tías y mi madre: llegarás a quererlo.

Fueron 10 años de lucha, de soledad, de estar hundida, hasta que Aya me ayudó a dar el paso que yo no me atrevía a dar. Era como si yo quisiera autoconvencerme de que actuaba mal, de que debía tener un hijo para que todo se arreglara… Finalmente, con la ayuda de Aya y otros amigos, me escapé de casa.

Supongo que esas mujeres que viven toda la vida con un hombre al que no quieren es porque no han visto nada más.


Aya

“Nos gustaría que te casases con tu primo”, me dijo mi padre. Yo había nacido aquí y aquel chico, desconocido para mí, vivía en los Estados Unidos. Me negué, pero al cabo de unos días el padre volvió a la carga: “El compromiso ya está hecho”.

Yo nunca me consideré casada y parecía que mi madre me apoyaba. Más tarde, comencé a salir con un chico que no era de la comunidad, pero mi madre me dijo que sólo me apoyaría si me casaba con alguien de la comunidad.

Como yo no daba mi brazo a torcer, al cabo de un tiempo, disolvieron el matrimonio, no me sentía bien en casa y decidí marchar a los 19 años, para alejarme y poder vivir con más libertad sin sentirme juzgada. Me culpaban porque no seguía las pautas de comportamiento establecidas y el hecho de marcharme de casa me estigmatizaba todavía más.

Finalmente, cuando me quedé embarazada, comenzamos a recuperar la relación.  Al final, ves que no es culpa tuya ni tampoco de ellos, pero sufres mucho por una situación que no has provocado y acaba afectando a toda la familia. Con el tiempo vas curando, y entiendes que se han educado con unas creencias que les hacen pensar que hacen lo mejor por sus hijas. Suerte que algunas lo afrontan para poder huir de esta situación.


Maika

Me propusieron el matrimonio a mis dieciséis años. Yo estaba en Senegal y me querían casar con un primo que estaba en España, yo dije que no, pero hicieron el compromiso igualmente.

Dos años más tarde, mi primo ya se quería casar e hizo una reclamación familiar. Llegué a España, casada, el año 2011, pero las cosas no iban bien y comenzaron a surgir problemas con la familia de aquí y con la de allá. Todos haciendo piña y machacándome. Dos años más tarde, con el NIE a punto de caducar, me querían llevar a África definitivamente, sola y castigada, porque aquí no me portaba bien. Un familiar me ayudó y me acogió en su casa. Mi ex se vengó y no me quería renovar el documento de identidad. Una pariente mía habló del caso a Valentes i Acompanyades y ellas me ayudaron a renovar mi NIE, a obtener un contrato de trabajo…

Ahora, hemos conseguido recuperar la relación con una parte de la familia.


Para saber más:

El matrimonio forzado crece y cada año, se realizan 14,2 millones de matrimonios forzados en todo el mundo.

El Objetivo de Desarrollo (ODS) 5 reclama la igualdad de género y el punto 5.3 indica que se quieren eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, precoz y forzado, así como la mutilación genital femenina.

El Código Penal español, el año 2015, introdujo por primera vez el delito específico de matrimonio forzado. (Artículo 172 bis).

En Cataluña, se han atendido, en el último año y medio, a 85 mujeres víctimas de matrimonios forzados.


Desde 2014, ViA ha atendido a unas 150 usuarias. Entre  2019 y 2020 ha intervenido en 31 situaciones, evitando y deshaciendo los compromisos matrimoniales. Estos datos muestran un problema que tiene más incidencia de la que se conoce. Algunos datos del 2020:

ViA

58 jóvenes atendidas

6 bajas por finalización de proceso de éxito

3 pisos de acogida, con10 chicas atendidas, 2 de ellas madres con menores a cargo

(fuente: memoria anual de Valentes i Acompanyades)

 

 


logovalentesiacompanyades.org

@ViAcompanyades

Valentes i Acompanyades es miembro de la red internacional Girls not Brides

 


Artículo publicado en el número 186 «Voces (aún) invisibles» de Ciutat Nova


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